HISTORIAS DE MAMÁ: Trabajo duro y recuerdos del campo

Un recuerdo íntimo de la infancia en el campo de Michoacán, donde el trabajo agrícola, la familia, la escuela intermitente y los juegos sencillos se entrelazan como una forma de vida llena de esfuerzo, comunidad y cariño.

Por MELODY SOTO
Adaptación de Katherine Mendez Hernández
Ilustración de Josh Reyes
EL NUEVO SOL

Yo tengo muchas memorias de cuando estaba chiquita en Jalisco, México. Yo iba a piscar, a sembrar garbanzo y a cortar el garbanzo. Nosotros íbamos en el burro.

Es temporada de garbanzo y empieza a salir en una semana y la palota se seca. Hay que juntarlo, hacer montoncitos y montoncitos y lo lleva la máquina, la máquina tiene que hacerle un montón y había que aventárselos en los dientes a la máquina porque va dando vueltas. Antes juntábamos un montón y con la yunta se machucaba alrededor, le daban vueltas con un rodadero. Son dos güeyes y le ponían el yugo. Después, en un yugo, ponen los dos güeyes: 1 yugo en los cuernos y, en medio del arado, para que lo vaya jalando.

El garbanzo se sembraba y el trigo tenía que barbechar. Primero se barbecha con el arado para arriba y para abajo. La tierra como harinita se colaba. En estos tiempos le meten el tractor, ahora es más fácil. Yo me acuerdo de que con el trigo aventábamos los puños rápido.

Desde chiquita como de unos siete años andaba en el campo, me gustaba ir con mi papá. Mi mamá nos llevaba de comer. En veces no había escuela, pero cuando había nos quedábamos en casa, pero casi no había quizás dos ratos a la semana. La maestra, una sola maestra la mandaban a todos los ranchos y cuando llovía no iba como no había carretera. En ocasiones la llevaban en un caballo.

Yo fui a la escuela de primero hasta tercero. Los pocos días que fui me acuerdo de que ya después cuando ya iba a terminar la primaria fueron un maestro y una maestra. Ellos nos enseñaron un baile tan bonito que nunca había bailado. Ponían un palo grandote como poste, y luego alrededor tenía como un aro alrededor y de ahí tenía listones pegados, dos listones para cada uno así alrededor. Nosotros bailábamos y se tejían los listones. Bien bonitos los listones de todos los colores. Quedaba bien bonito como si hubiera sido un abanico redondo. Quedaba tejido todo desde arriba hasta abajo. Íbamos bailando y se iba tejiendo.

Todo lo del campo me gustaba a mí, me gustaba todo porque mi mamá nos ponía gruesitas con frijoles o con chile para el almuerzo. En veces nos quedábamos en el campo con mi papá y él nos hacía casitas del rastrojo. Cuando ya el maíz se seca, lo cortaba desde la patita y juntábamos manojos. Pero con una misma mata de maíz se amarraba el primer manojo. Lo abrían los manojos para ahí otro para acá y quedaba abierto. Y ya en eso, ya se le recargaba más y quedaba como casita, y nomás le dábamos una puertita.


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Melody Soto
Mi nombre es Melody Soto y radico en el Valle de San Fernando. Soy amante del arte y la cultura. Opino que estos espacios creativos permiten que el ser humano se exprese como individuo y se desarrolle positivamente. Por estas razones me interesa que mi trabajo periodístico se refleje en estas áreas de enfoque. Dos de mis museos preferidos son la Galería Nacional en Londres y La Casa Azul de la Ciudad de México. ¿A ti te interesa el arte? Cuéntame en Twitter: @MelodiaSoto




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