La determinación de mi mamá por obtener una educación es lo que me impulsa a mí para completar la mía.
Por EMILY VELÁSQUEZ
EL NUEVO SOL
En este episodio, conversé con mi mamá, Sandra Velásquez, sobre su niñez. Ella nos describe cómo era vivir en una pequeña ciudad de Guatemala llamada Zacapa. Al centrarnos en cómo fue su educación, observamos cuán diferente resultó ser su experiencia escolar en comparación con la de las personas que vivían en ciudades más grandes o en países más prósperos.
Nacida en Zacapa, Sandra no tenía muchas opciones ni oportunidades en lo que respecta a la educación. En su pequeño pueblo había una sola escuela y en ella un único maestro impartía clases a varios grados simultáneamente. Sin embargo, la escuela solo ofrecía enseñanza hasta el último año de primaria. Esto significaba que los estudiantes debían optar por empezar a trabajar o bien mudarse para continuar sus estudios. Mi madre eligió mudarse.
Era habitual que los estudiantes se trasladaran a ciudades más grandes para asistir a la escuela. Había personas que disponían de viviendas y alquilaban habitaciones específicamente a estudiantes. Sandra se mudó a la ciudad de Chiquimula, donde residía su tía, para cursar la secundaria.
El funcionamiento del sistema escolar en Guatemala difiere considerablemente del de los Estados Unidos de América. Mientras que aquí los estudiantes eligen la carrera que cursarán en la universidad, en Guatemala esa elección se realiza durante el bachillerato. Mi madre dedicó sus años de bachillerato a formarse para convertirse en maestra. Aquello representó una especie de cierre de ciclo, dado que su propia experiencia escolar durante su infancia no había sido precisamente la mejor.
La resiliencia de mi madre es un valor que llevo conmigo a todas partes. Su determinación por obtener una educación es lo que me impulsa a mí a completar la mía. Es este un sentimiento que muchos hijos de padres inmigrantes conocen a la perfección.
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