Cómo afronté el duelo repentino de papá

Recibir la noticia de su muerte estando en Estados Unidos fue como quedar suspendida en el vacío.

Por ARIADNA SÁNCHEZ
EL NUEVO SOL

La muerte de mi papá, Juan Manuel Sánchez Sánchez, marcó un antes y un después en mi vida. Ocurrió de manera repentina, a causa de un paro cardíaco, y dejó en mí una herida profunda que aún hoy resuena. Recibir la noticia estando en Estados Unidos fue como quedar suspendida en el vacío: el mundo seguía girando, pero yo me sentía inmóvil, devastada, como un animal herido que yace solo, sin nadie alrededor que pueda socorrerlo. Esa imagen describe con crudeza mi estado de ánimo: un dolor absoluto, una desorientación paralizante y una soledad que parecía infinita.

Foto por Ariadna Sánchez. La imagen de Juan Manuel Sánchez Sánchez rodeada de flores durante su despedida final.

Horas después emprendí el viaje hacia Oaxaca. El trayecto se me hizo eterno, un remolino de emociones que me envolvía sin darme tregua. No lograba distinguir si era de día o de noche, si estaba despierta o atrapada en una pesadilla. Todo sucedía demasiado rápido y, al mismo tiempo, sentía que el tiempo se había detenido. Mi mente estaba saturada de recuerdos, preguntas sin respuesta y una negación silenciosa: ¿cómo aceptar que mi papá había dejado de existir de un momento a otro?

Fue el día del entierro cuando la realidad comenzó a imponerse. Al ver el féretro descender lentamente, comprendí que esa era la despedida definitiva. Observé a cada persona acercarse para decirle adiós por última vez, y en ese gesto comunitario entendí la magnitud de su vida y el impacto que tuvo en quienes lo rodeaban. Sin embargo, nada se compara con el instante en que tomé un puño de tierra y lo dejé caer sobre su ataúd. En ese momento conocí el dolor más profundo: aceptar que no volvería a escuchar su voz ni a recibir su abrazo.

La pérdida de un padre es una experiencia que, tarde o temprano, alcanza a la mayoría. Según datos de la Encuesta de Ingresos y Participación en Programas (SIPP por sus siglas en inglés) de 2021, para los 50 años el 69.2% de las personas ha perdido a su padre y el 50.7% a su madre. Estas cifras revelan que el duelo filial es una vivencia común, pero eso no disminuye la intensidad del dolor cuando nos toca vivirlo.

Fotografía por Ariadna Sánchez. Uniformes de Juan Manuel Sánchez Sánchez, utilizados durante su etapa como jugador de béisbol.

A pesar de la tristeza, la muerte de mi padre me dejó una lección invaluable. Me enseñó que la vida es frágil y que cada instante merece ser vivido con plenitud. Aprendí a valorar más profundamente a quienes me rodean, a expresar lo que siento y a no postergar los afectos. Hoy entiendo que disfrutar cada momento como si fuera el último no es una frase hecha, sino una forma consciente y necesaria de existir.

El duelo también me enseñó la importancia de pedir ayuda. Durante los días posteriores no encontraba consuelo y mi estado de ánimo decayó significativamente. Al regresar a Los Ángeles, busqué acompañamiento espiritual con el sacerdote de mi parroquia; sus palabras fueron un bálsamo para mi alma. Además, inicié sesiones con una tanatóloga que me brindó herramientas y recursos para transitar este proceso de manera más saludable.

Comprendí que buscar apoyo no es señal de debilidad, sino un acto de valentía y amor propio. Instituciones como el Departamento de Salud Mental del Condado de Los Ángeles ofrecen recursos en español las 24 horas del día, los 365 días del año, recordándonos que no estamos solos en los momentos de crisis.

Cuidar nuestra salud física, mental y emocional es también una forma de honrar la vida. Para acompañar a otros en su dolor, primero debemos procurar nuestra propia sanación. Mi padre ya no está físicamente, pero su memoria vive en mis acciones, en mis decisiones y en la manera en que elijo vivir cada día con mayor conciencia y gratitud.


Otras historias de duelo:

En honor de Pedro Ramírez, de Liliana Ramírez.

No supe manejar la muerte de mi tío, de Karen Ruiz.

 


Tags:  #Padres duelo Salud mental




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Ariadna Sánchez




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