HISTORIAS DE MAMÁ: Rompiendo barreras culturales

Ofelia Guzmán es una de las primeras músicas integrante de la Banda de Yatzachi El Bajo (YEB), toda una institución musical oaxaqueña en California.

Por MYRIAM REYES
Ilustración de Esther Guzmán
IMPULSO NEWSPAPER

Ofelia Guzmán, quien con sencillez y orgullo se identifica como indígena zapoteca de la Sierra Juárez del estado mexicano de Oaxaca, es una de las madres precursoras de la música de viento tradicional oaxaqueña en California.

La inmigrante inició su carrera en Estados Unidos hace más de 30 años cuando no había mujeres en este ámbito musical-cultural y era muy difícil poder participar y ser aceptada en una banda de viento oaxaqueña, tradicionalmente integrada solo por hombres de la comunidad.

La señora Guzmán, quien tiene 78 años de edad, se reconoce como una persona privilegiada a pesar de que su transitar por la vida no ha sido nada fácil. “Puedo disfrutar de las cosas que más amo, que es la música y el tener la habilidad de hablar zapoteco mi lengua indígena y español e inglés,” dijo en voz baja.

Durante una amable charla sostenida en su casa en la ciudad de Los Ángeles, recordó la manera en que tuvo que dejar su pueblo San Baltazar Yatzachi El Bajo (YEB) a los 12 años de edad.

“Una de mis hermanas que trabajaba para un alto funcionario, según nos dio a entender, vino al pueblo por mí y me llevo vivir con ella a San Antonio, Texas para que pudiera seguir con mis estudios, ya que en mi pueblo sólo había escuela hasta el 4o. año de primaria”.

En 1959, ya  estando en Estados Unidos, los patrones de su hermana, enviaron a Ofelia a dos diferentes internados con niños mexicoamericanos, para que estudiara y aprendiera a hablar inglés, porque con sus hermanas sólo utilizaba la lengua zapoteca.

Ofelia estuvo estudiando en una escuela de una iglesia bautista por 2 años y después en una institución educativa metodista en Oklahoma.

“Eso fue muy curioso y extraño para mí porque soy católica, pero me siento muy afortunada porque puedo hablar mi lengua indígena, español e inglés, además de que contaba con mis documentos legales de estudiante porque en ese tiempo nos ayudó la jefa de mi hermana y después me hice ciudadana”, comentó.

“Con el tiempo la mayoría de mis hermanas y otros paisanos dejaron Texas y se vinieron a Los Ángeles. Yo llegué en 1967 con ellas y terminé de estudiar la preparatoria”.

Ofelia continuó con su preparación académica hasta lograr graduarse, pero a la edad de 20 años volvió a re-encontrarse con Zacarías Guzmán, alguien a quien conocía desde niña cuando residía en su pueblo en la Sierra Juárez de Oaxaca y al poco tiempo establecieron una relación de noviazgo que dio paso a la boda convirtiéndose en padres de unos gemelos, Ben y Ali, quienes ahora tienen 53 años de edad y ya son padres de familia.

Los tiempos en esa época eran difíciles para la pareja por lo que decidieron no tener más hijos, debido a que no contaban con una estabilidad económica.

Cuenta que estaban indecisos en si era mejor quedarse o regresar a México pero debido a la crisis y a la devaluación del peso que se suscitó en el país azteca optaron por establecerse en Estados Unidos donde había más oportunidades.

Ofelia admitió que aunque sus hijos solo hablan algunas frases en zapoteco, les inculcaron el amor por sus orígenes, la música y su cultura, lo cual agregó: “no fue nada fácil”.

“Cuando mis niños tenían la edad de 11 años se vino el problema de las pandillas muy serio, muy grave en Los Ángeles, era la década de los 80”, recordó Ofelia. “Los cholos se venían a parar enfrente de la casa y todos vendían drogas y usaban un árbol viejo y los tubos del enrejado para esconderlas, y no podíamos hacer nada, ni llamar a la policía porque escondían todo”.

“Entonces para proteger a nuestros hijos y mantenerlos fuera de los problemas de pandillas, mis paisanos, Zacarías y yo decidimos crear un grupo de música para que estuvieran ocupados, al mismo tiempo que aprendían más de nuestra cultura”, explicó. “En ese tiempo al igual que mi esposo yo trabajaba, pero con una agencia que conseguía empleos temporales”.

Su preparación académica y su habilidad con las matemáticas y los idiomas, le permitió ocupar diferentes puestos en diversas empresas y así fue escalando profesionalmente hasta llegar a trabajar en el edificio de la empresa ARCO con uno de los contadores como su asistente.

Ofelia Guzmán siguió trabajando para ayudar a pagar la casa que había adquirido junto con su pareja, pero el problema de las pandillas y el tráfico de drogas seguía agravándose y al inicio era poco lo que la policía podía hacer para combatirlas.

Fue así que su esposo Zacarías que había estudiado música en México empezó a tratar de formar la Banda de Música de Viento Yatzachi El Bajo (YEB) en la década de los 90, logrando ponerse en contacto con Alberto Montellano un profesor de música del pueblo de Villa Hidalgo Yalalag, también localizado en la Sierra de Oaxaca, quien lo ayudó en sus comienzos.

“El grupo se formó aquí con unas personas que habían sido músicos en nuestro pueblo”, reveló Ofelia y agregó que su esposo y sus hijos se iban a practicar música los sábados y domingos, y a veces lo hacían entre semana cuando tenían que ensayar más por alguna presentación: “todos estaban muy emocionados porque en ese tiempo no había ninguna banda de música folklórica (oaxaqueña) en el país”.

“Empecé a relacionarme otra vez con la música cuando mi esposo y mis hijos tomaron clases de música y comenzaron a ir a los ensayos y a las presentaciones”, recalcó. “Entonces, me quedé sola en casa y dije qué hago aquí si mi papá y mi abuelito también fueron músicos. Fue así que decidí ir a verlos y a escucharlos hasta que empecé a tomar clases y me gustó”.

“Esa fue una manera de tener a toda la familia unida”, aseveró Ofelia. “Y a los niños y a los jóvenes de la comunidad los pudimos mantener seguros y a salvo de los problemas de las pandillas porque siempre estaban ocupados, estudiando o con la música y a través de ella también aprendían a querer nuestra cultura”.

El abuelo y padre de Ofelia habían sido músicos en su pueblo. Ella como muchas niñas de las comunidades indígenas oaxaqueñas crecen escuchando y viendo como sus familiares tocar la música tradicional durante sus festividades y eventos culturales.

Es toda una tradición que cada comunidad serrana tenga su propia banda de música de viento para amenizar las celebraciones religiosas, cumpleaños y hasta los velorios y entierros de los seres queridos.

La música de viento la aprenden desde la infancia, pero Ofelia no fue hasta los 30 años de edad que realmente se enseñó a tocar el saxofón y ha estado con la banda YEB desde su creación hace 36 años, convirtiéndose en una de las primeras mujeres oaxaqueñas en esta bonita pero difícil carrera, y en abrirles camino a las nuevas generaciones de inmigrantes y sus descendientes féminas oaxaqueñas en Estados Unidos.

Una vez que sus paisanos supieron de la existencia de la banda empezaron a invitarlos a tocar en eventos culturales en diferentes localidades de Texas, Denver, Arizona y California, y después en la Guelaguetza cuando comenzaron a realizarse esos festivales en diferentes ciudades de la Unión Americana.

La fama trascendió de tal manera que un fotógrafo profesional le tomó una foto a ella cuando estaba tocando su instrumento musical en una presentación  que tuvo con la banda de música folklórica en una Universidad, misma que mandó a imprimir y enmarcar para regalársela en reconocimiento a su talento y trayectoria profesional.

Ofelia dijo que recibir ese tipo de atención la hizo sentir un poco de pena, “pero por dentro me sentí muy contenta y orgullosa”, dice, “porque la música es algo que traigo en la sangre porque viene de familia, y así estaba ayudando a reavivar nuestra cultura y costumbres para las futuras generaciones y hasta la fecha nos siguen llamando para tocar en bautizos, cumpleaños, fiestas patronales y en las Guelaguetzas y mientras pueda voy a seguir participando porque más que un trabajo es un deleite y espero que las jóvenes puedan continuar con esta tradición”.

La Banda YEB está integrada por al menos 25 músicos, entre inmigrantes y sus descendientes nacidos en este país. Y es una de las bandas más representativas de la cultura musical oaxaqueña, de la cual Ofelia es parte fundamental.


Tags:  Historias de mamá música Oaxaca oaxacalifornia




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Katherine Méndez Hernández
Mi nombre es Katherine M. Hernandez, estudio Periodismo en CSUN y nací en El Salvador. Me interesa cubrir temas que impactan a mi gente latina y a nuestra comunidad, además de escribir opiniones sociales y reseñas de shows, películas o música que inviten a la reflexión y al diálogo. En el futuro, quiero ser editora de libros y trabajar de cerca con autores y nuevas voces. Una de mis mayores pasiones es la lectura, y en mi tiempo libre disfruto viajar y conocer lugares nuevos que amplíen mi perspectiva.




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