HISTORIAS DE MAMÁ: Del campo a nuevos horizontes

Esta historia relata la vida de Yeymi Azucena, quien creció en una familia humilde del campo en El Salvador, aprendiendo desde niña el valor del trabajo, la fe y la educación.

Por HELEN FLORES
Adaptación de Katherine Méndez Hernández
Ilustración de Josh Reyes
EL NUEVO SOL

Mi nombre es Yeymi Azucena. Yo nací en un cantón llamado Las Pozas, municipio de San Lorenzo en el departamento de Ahuachapán, El Salvador. Nací en una familia pobre pero muy unida. A la hora de nacer, mi mamá no fue al hospital ni a la unidad de salud. Nací en la cama de mi casa, la partera fue mi abuela porque había una señora que vivía en el cantón; Las Pozas, y a estas señoras les llamaban matronas, eran quien asistían partos. Era prácticamente como una enfermera sin tener título, pero eran buenas. La gente le tenía fe. La señora curaba empachos, recetaba medicinas para dolor de cabeza, en fin, para bastantes cosas. La gente la buscaba y no sési era la fe o de veras la señora sabía sus creencias, pero la gente se curaba. Como la señora vivía lejos y no había transporte, había que caminar casi una hora para llegar.

Cuando a mi mamá le agarraron los dolores, mi papá fue a buscar a la señora y en ese momento el parto se adelantó y quien estaba ahí era mi abuela por parte de mi mamá. Ella se llama Dominga, una señora muy buena.

Me crié en el cantón. Éramos pobres pero felices, porque nunca nos hizo falta la comida. No teníamos lujos, ni siquiera teníamos las cosas necesarias, no teníamos ni agua ni luz. Había un pozo que dejó mi abuelo por parte de mi mamá, donde nosotros íbamos a sacar agua con un galón, había un torno que había que darle vuelta. Tenía un lazo, pero había que darle bastantes vueltaspara sacar un galón de agua. Éramos bastantes porque vivíamos con mi abuela, porque no teníamos dónde vivir. Nos criamos con mi abuela, jugando, trabajando, porque desde chiquitas a nosotros nos pusieron a trabajar. Siempre mis padres han cultivado la tierra, sembraban maíz, frijol, maicillo, hortalizas, pepino, pipianes, rábanos y tomate.

Era muy bonito porque comíamos, no teníamos lujos, pero lo poquito que comíamos al menos en el invierno era bien orgánico. Antes ni la tierra estaba contaminada, ni había tanto pesticida como ahora y se comía bien con lo poquito que teníamos y lo poquito que se cultivaba. Nosotros no teníamos ni luz ni agua, ni tampoco dinero para comprar una refri. Entonces, uno siempre iba comiendo las cosas al día. Comíamos bien orgánico porque comíamos pollos que mi abuela criaba y los huevos que las gallinas ponían.

Todo era bien orgánico, gracias a Dios, y no éramos tan enfermos en ese aspecto. Quizás porcriarnos en el campo, rodeados de tantos animales, polvo, que las defensas se le hacen más fuerte a uno.

Yo trabajaba y estudiaba, había una escuela en el cantón que estaba como a quizás 20 minutos de donde yo vivía. Al principio y al primer día siempre lo iban a dejar a uno para conocer y que uno se adaptara. Después nos íbamos, buscábamos a los compañeritos vecinos nos juntábamos y nos íbamos todos porque pasábamos barrancas, lugares muy funestos en el aspecto de que la gente en el campo tiene sus tierras. Entonces hay mucho espacio entre una casa y la otra y la gente cultivaba diferentes cosas. Hay gente que sembraba maíz. Otra gente que sembraba café, otra gente que sembraba arroz, y gente que sembraba caña.

Entonces era diversidad lo que la gente sembraba y las calles eran muy funestas, o sea, muy solas. Era poca gente que se encontraba en el camino. Entonces uno buscaba compañeritos para irse a la escuela y uno iba feliz, se peleaba, pero un rato al siguiente día uno ya estaba contento.

Me acuerdo de mi primera vez que fui a la escuela, mi mamá me había comprado una mochilita roja y verde cuadradita, y unos zapatitos, porque gracias a Dios lo necesario tuvimos. Ya en el invierno como las calles estaban descuidadas eran puro polvo y puro barro, no se podía usar ni zapatos, ni las yinitas Balco que entonces usábamos, tocaba ir descalza a la escuela. Era más fácil caminar por esos caminos, porque no eran ni calles donde uno se deslizaba, tenía que pasar por la orillita agarrándose de ramas y todo para no resbalarse y caerse.

Entonces nos salía mejor ir descalzos, bien tranquilos. Como todos los niños iban así, nadie se andaba fijando quién iba mejor vestido que el otro. En la escuela había dos turnos, mañana y tarde. De primero a cuarto, yo iba en la mañana, de quinto a sexto en la tarde. Yo estudiaba en la mañana y luego trabajaba. Salía a las 12 de la escuela, llegaba, comía, y de la 1:30 a las 4 ó 5 de la tarde se ayudaba a trabajar en la tierra cuando era el tiempo de invierno.

Después, cuando se hacía tarde, como no había luz, uno se alumbraba con candiles de gas, y entonces había que hacer las tareas temprano, a las 8 de la noche ya estábamos acostados. Mimamá, a las 4 de la mañana, ya lo tenía uno de pie porque tenía que ir a sacar agua porque éramos bastantes. Toda la gente iba a agarrar agua de ese pozo, entonces había que hacer fila. Quien llegaba primero era la que le iba tocando.

Ya cuando tenía como 10 añitos, 12 añitos, me fui a estudiar a Atiquizaya, a una escuela que se llama Francisco Menéndez era una zona urbana, era el pueblo donde todos iban a comprar. Cuando íbamos a comprar del Cantón Las Pozas para Atiquizaya era como una hora y media y uno lo hacíacaminando porque no había transporte, pero uno feliz caminando y de regreso con todas las compras.

Cuando me vine a estudiar a la escuela en Atiquizaya, como yo era del campo, todos los niños mequerían hacer de menos, pero si algo yo he tenido en mi vida es que nunca me he quedado ni callada a nadie, ni tampoco me he sentido menos que nadie, porque ante los ojos de Dios todos somos iguales.

Los niños ahí no querían hacer grupos, no querían ni acercárseme. Yo siempre he sido bien amistosa y nunca me ha costado hacer amistades. Los tiempos más bonitos fueron en bachillerato, porque nosotros hacíamos veladas artísticas para recaudar fondos para el fin de año, y nosotros teníamos fondos y nos íbamos a la playa a cocinar con los maestros guías y hacer nuestras fiestas de despedida.

Rentábamos buses y de todo lo que habíamos recaudado con las actividades que hacíamos, nos hacíamos las despedidas.

En esa época del bachillerato, yo no trabajaba, solo estudiaba. Entonces hacíamos diferentes actividades. Yo participé en diferentes deportes. De ahí entré a la universidad, estudié la licenciatura en contaduría pública en Santa Ana, El Salvador. Gracias a Dios yo agarré licenciatura en contaduría pública porque siempre me ha gustado. Yo trabajaba para poderpagarme la universidad porque mis padres no podían.

Yo tuve que trabajar de diferentes formas porque entre a los 18 años y las compañías todavía a unono le daban trabajo. Yo me iba a trabajar con mi tío a llenar bolsas porque a mi tío siempre le gustaba hacer sembradillos de café.

Después me salió otra oportunidad de trabajo en San Salvador, en un despacho contable. Me fui para San Salvador, pero allá me tocaba pesado porque había que viajar desde Atiquizaya hasta San Salvador. Es como una hora cuarenta y cinco minutos, había que irse temprano para poderestar temprano en el trabajo, porque uno a las siete y media ya tenía que estar en el trabajo. Había que llegar a la terminal, de la terminal se agarraba urbano para llegar a las oficinas.

En esa época yo conocí al papá de mi hija. Fue bien divertido como lo conocí porque su hermano era mi maestro de costos. Elhermano de él es licenciado. Yo tenía varias amigas, pero había una con la que me identificaba bastante y… él era novio de esa amiga. Salíamos a veces a los discos con él y su novia, con mi amiga. Una vez dijo que venía su hermano de los Estados Unidos y dijo que sí podíamos salir para divertirnos y le dijimos que sí. En plan de conocer a la gente y convivir sanamente. Pues él llevó a su hermano y al principio todo fue bien divertido.


Tags:  El Salvador Historias de mamá Radio Nepantla




Previous Post
HISTORIAS DE MAMÁ: Aprender un nuevo idioma
Next Post
HISTORIAS DE MAMÁ: Legado culinario a la comunidad



Helen Flores Pimentel




You might also like






More Story
HISTORIAS DE MAMÁ: Aprender un nuevo idioma
La historia cuenta la experiencia de María Isabel Chacón, una joven ecuatoriana que llegó a Estados Unidos y enfrentó...