HISTORIAS DE MAMÁ: Las Madrinas de los Desaparecidos

El grupo inter-congregacional Las Madrinas de los Desaparecidos se reúne cada martes frente al Centro de Detención Metropolitano de Los Ángeles para rezar, cantar y marchar en solidaridad con las personas detenidas por ICE.

Por BRIANA MÉNDEZ-PADILLA
Ilustración de Josh Reyes
IMPULSO

En la entrada del estacionamiento del Centro de Detención Metropolitano de Los Ángeles, donde las personas acceden para ver a sus familiares detenidos, hay un grafiti en el pavimento que dice “ICE no es bienvenido” en grandes letras azules.

Aquí es donde Las Madrinas de los Desaparecidos, con cintas rosas alrededor del cuello, se detienen para dar una letanía de antecesores de la lucha por la justicia social, después de marchar desde la entrada de la oficina de inmigración.

Desde marzo del año pasado, el grupo inter-congregacional de líderes religiosos y miembros de la comunidad se reúne todos los martes al mediodía para rezar, cantar y marchar por los detenidos por los agentes federales de inmigración.

Su movimiento se inspira por las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina en los 1970, un movimiento de resistencia pacífica contra la dictadura militar y los desparecidos en Argentina organizado por madres que llevaban flores a los oficiales y abogaban por el regreso de sus hijas, hijos y nietos.

La letanía invoca a antiguos líderes de la justicia social como Frederick Douglas, Harvey Milk y Malcolm X, entre otros.

Rosa Manríquez guía la letanía de antecesores de la lucha por la justicia social el 6 de enero. Foto de Briana Méndez-Padilla / Impulso.

“Creemos que no marchamos solos, que hay una larga y enorme historia de antepasados de la justicia social de los que ni siquiera hemos oído hablar ni hemos aprendido, pero que están con nosotros”,  dice Rosa Manríquez, miembro de la comunidad del Inmaculado Corazón y feligresa de la Misión Dolores. “Así que recitamos eso y les pedimos que recen con nosotros. No por nosotros, sino con nosotros”.

Por varios años, Manríquez también ha sido parte de la organización Clérigos y Laicos por la Justicia Económica (CLUE por sus siglas en inglés). A medida que ICE se militarizaba, ella reflexionó sobre cómo la comunidad se había organizado para luchar contra regímenes en el pasado, y llevó esta idea de las madrinas de los desaparecidos a CLUE.

CLUE es una coalición de diversas congregaciones con una agenda progresista en torno a los derechos de los trabajadores y las cuestiones de justicia económica. La organización también está trabajando a lo largo de California del sur para proteger a trabajadores migrantes y sus familias mediante redes de respuesta rápida, capacitación sobre derechos y un fondo de fianzas para inmigrantes detenidos.

Según Manríquez, las madrinas de los desaparecidos tienen tres principios fundamentales:

  1. Exigir la liberación de las personas desaparecidas por el gobierno y su regreso con sus familias.
  2. Dar testimonio y rechazar la narrativa divisiva de “nosotros contra ellos”, aportando una voz humanizadora para recordar a todos que los inmigrantes, los ciudadanos e incluso los soldados son hijos de alguien y que sus vidas están profundamente interconectadas.
  3. Urgir a los agentes del ICE y a otros funcionarios a que dejen de participar en la persecución de la comunidad y, en su lugar, soliciten su traslado, se declaren objetores de conciencia y se nieguen a cumplir órdenes ilegales.

“Muchos de ellos querían ser guerreros, protectores y campeones, y querían ser los que hicieran cosas realmente extraordinarias por este país, y nosotros estamos ahí, como sus mamás y abuelas, para decirles: ‘Este no es el camino, les han mentido. No pueden seguir haciendo esto’”, dice Manríquez.

Elevando voces

Después de la letanía, se comparte un testimonio.

CLUE se encarga de colaborar con las distintas denominaciones religiosas que pueden dar voz a diferentes personas, con el fin de garantizar que cada vigilia cuente con un testigo diferente. Estos testigos comparten las experiencias de personas que se encuentran actualmente en centros de detención o que se han visto afectadas por redadas y han logrado salir, utilizando solo su primer nombre por razones de seguridad.

“Creemos que muchas de estas historias no están recibiendo la atención que merecen, por lo que estas vigilias son importantes para dar a conocer las experiencias que encontramos y recordar por qué seguimos manifestándonos hasta que se cumplan nuestras demandas”, señala Jennifer Coria, quien trabaja para CLUE.

Las Madrinas de los Desaparecidos levantan sus flores en honor a los detenidos por inmigración. Foto de Briana Méndez-Padilla / Impulso.

En un evento, la reverenda Tanya López compartió la historia de Josué, un joven esposo y padre de tres hijos que fue detenido en junio mientras asistía a su cita rutinaria en la oficina de inmigración. Pasó un tiempo en el Centro de Detención Metropolitano antes de ser enviado a Adelanto y, finalmente, a California City.

López habló de las condiciones inhumanas a las que se enfrentó Josué, desde temperaturas bajas y escasa comida hasta abusos por parte de los guardias.

“Me dijo que todo ahí dentro está diseñado para quebrantar tu espíritu: ‘aquí quieren que te rindas’, pero que el poder de la unión de las personas, como estas vigilias de las que se enteran, sigue siendo la luz para muchos que les ayuda a no rendirse”, dijo López, y añadió que Josué ya se ha reencontrado con su familia gracias a una audiencia de fianza.

Valarie Kaur, la fundadora del Proyecto de Amor Revolucionario, compartió en el evento un testimonio en honor a Renee Good, la madre y poeta a la que disparó fatalmente un agente de ICE en Minnesota.

“El asesinato de Renee Good es una continuación de la violencia a la que se han enfrentado durante mucho tiempo las personas afrodescendientes, indígenas y de color”, afirmó Kaur. “Dicen que fue culpa suya, creen que nos lo vamos a creer. Creen que no nos va a importar, igual que a ellos no les importa. Pero a nosotros sí nos importa”.

Valarie Kaur es la fundadora del Proyecto de Amor Revolucionario. Foto de Briana Méndez-Padilla / Impulso.

El tamaño del grupo varía de una semana a otra, pero las personas que se reúnen son diversas en cuanto a su fe, género y edad.

Las Madrinas de los Desaparecidos se han convertido en una presencia constante. Mientras marchan, cada persona lleva una margarita blanca o morada en una mano y una hoja de oración en la otra.

Al cruzar la esquina y formarse en el pequeño tramo de acera en el que se les permite permanecer, a veces se pueden oír los gritos y silbidos de los que están dentro, mientras el grupo sigue rezando y sostiene sus flores en el aire, apuntando hacia ellos.

Las flores y la vigilia semanal tienen un doble propósito, explica López. Por un lado, sirven para mostrar a los detenidos que la gente no los ha abandonado. Para los agentes y los que trabajan en el centro, las flores tienen como objetivo sembrar la semilla de la compasión.

“Los que trabajan allí también son testigos de que no nos rendimos, de que vamos a venir todas las semanas”, dice López. “Somos una presencia no violenta y amorosa, y esperamos reflejar el amor de Dios, incluso para ellos”.

Muchos de los asistentes se aferran al impacto histórico de la protesta no violenta.

“Sabemos que no podemos pelear contra el odio con más odio, eso nos convierte en el mismo opresor contra el que luchamos,” asegura Anusha Mehar, una líder del movimiento con Proyecto de Amor Revolucionario. “Tenemos que luchar contra esta opresión y este odio con el amor, porque eso es lo que nos salva”.

Tras una oración final el grupo se dispersa, dejando como último testimonio de paz, un pequeño montón de margaritas sobre el pavimento.

Briana Méndez-Padilla es becaria de California Local News reportando para Impulso.


Tags:  Historias de mamá Los Angeles Madrinas de los Desparecidos




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Katherine Méndez Hernández
Mi nombre es Katherine M. Hernandez, estudio Periodismo en CSUN y nací en El Salvador. Me interesa cubrir temas que impactan a mi gente latina y a nuestra comunidad, además de escribir opiniones sociales y reseñas de shows, películas o música que inviten a la reflexión y al diálogo. En el futuro, quiero ser editora de libros y trabajar de cerca con autores y nuevas voces. Una de mis mayores pasiones es la lectura, y en mi tiempo libre disfruto viajar y conocer lugares nuevos que amplíen mi perspectiva.




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