Romper el silencio sobre la violencia domestica
Por Jabes Pascual
Durante la pandemia del COVID-19 cambio el mundo que conocemos por completo.
El virus no afectó directamente a mí familia, pero lo hizo de una manera inesperada entre mis conocidos.
Por la televisión, veíamos cómo los casos de contagio y muerte aumentaban todos los días y uno no podía escaparse de las noticias de última hora por varios meses.
En un tiempo caótico, la vida real poco a poco se fue aislando y adaptarse fue difícil.
El aislamiento fue tiempo de reflexión para muchos y para otros un tiempo de soledad, ansiedad y de sufrimiento.
Fui testigo de uno de estos casos. La conocida mía, a la que llamaré Leia, me comentó que había terminado una relación con su novio de varios años.
Varios días después, Leia poco a poco se fue alejando de su familia. Trabajaba en el departamento de contabilidad en una casa de retiro. Un cargo donde tenía mucho estrés.
Los casos de Covid-19 seguían surgiendo, y en el lugar donde ella trabaja, varias personas de la tercera edad fallecieron.
Debido al estrés, Leia decidió irse de casa, tomó el virus como una excusa para irse sin dar detalles a ninguno de los familiares; tomó sus cosas y se marchó.
Por varios días no supe nada de Leia, su teléfono apagado. No podía conectarme con ella.
Una semana sin saber nada de ella dio en entender que algo andaba mal. La familia llegó a una conclusión de ir a las autoridades.
Pero el instinto de mamá prevaleció: “No, hay que esperar”, dijo.
Una noche un familiar de Leia recibió una llamada en la otra línea. Era Leia. Habló diciéndole todos que se encontraba bien y que no tenían por qué preocuparse.
Leia no se encontraba bien y, por primera vez en varios meses, pude verla en persona. La vi muydelgada con una sonrisa tratando de decirme algo. Leia había cambiado, ella me aseguró que todo estaba bien.
Al poco tiempo, los familiares de Leia se enteraron de que andaba con un tipo una relación que lecambió su vida por completo. Nunca supe como Leia conoció a ese tipo. Pero este personaje la manipulaba y controlaba con abusos verbales y físicos.
Por varios meses Leia guardo todo su sufrimiento, una realidad que no tenía salida. La pandemia para Leia y su aislamiento fue muy diferente.
La Línea Nacional contra la Violencia Doméstica nos da una estadística sobre los casos frecuente sobre este tipo de abuso.
1 de cada 4 mujeres (24,3%) y 1 de cada 7 hombres (13,8%) de 18 años o más en los Estados Unidoshan sido víctimas de violencia domestica física grave parte de una pareja íntima a lo largo de su vida.
“No era capaz de hacer todo lo que me proponía porque mi abusador me menospreciaba”, Leia dijo sobre su experiencia, y agregó: “Después de buscar ayuda profesional y apoyo de mis seres queridos, fui capaz de terminar mi carrera y tener relaciones saludables y encontrar el amor, porque sí hay gente buena en este mundo.








