Siempre me he esforzado al ser el mejor estudiante para que mis padres estén orgullosos de mí.
Por JONATHAN DÍRCIO
EL NUEVO SOL
El día que me cambió completamente fue como cualquier día; estaba un poco nublado, mis amigos de la preparatoria me estaban hablando, nos estábamos carcajeando y mi clase ya mero se acababa.
Hasta que un toque de la puerta silenció la clase, la profesora abrió la puerta y fue un guardia de seguridad que sostenía un papel con mi nombre.
Sin saber, fui a la oficina principal en donde la subdirectora me estaba esperando. Tenía mi archivo de grados en su manos y antes de que me pudiera sentar me dijo: “Te transferirán a otra escuela debido a tus calificaciones, una escuela de continuación. No tienes opción. Llama a alguien para que te recoja y empezarás a ir a Northpark la próxima semana, a partir del lunes.”
La complicación empezó desde que empecé en Northpark porque nadie me quería ayudar, no sabía qué clases necesitaba para salir de ahí o para graduarme. Fue un tiempo difícil para mí porque empecé a caer en malos pasos y sin nadie que me dijera que no, que no puedo hacer esto, que hay mejores soluciones que me pueden ayudar. Me empezó ir peor en la escuela porque ya tenía muchas ausencias y no me importaba nada.
Mi hermana por este tiempo se graduó y me sentía orgulloso de ella, hicimos una fiesta en familia para festejarla. Y cuando todo terminó, mi hermana y yo nos fuimos a nuestro cuarto. Y ella lloró: odiaba la idea de que se graduara en una escuela de continuación, sus llantos de mi hermana me destrozaron. Me puse a pensar en mis padres. ¿Cómo se sentirían ellos después de mi graduación?
Después de la fiesta, empecé a preguntarle a mis consejeros qué necesitaba para salirme de la escuela de continuación y regresar a mi preparatoria. Me enfoque en mis clases y ya no salía. Me tomó todo de mi tercer año, pero finalmente pude salir. No hubo celebración de parte de la escuela ni de mis padres. Yo sabía que tenía que terminar el trabajo y graduarme de mi preparatoria. Al final, pude terminar mis cursos de educación general, y me llamaron a la misma oficina en donde me expulsaron. Y la subdirectora me dijo: “¿Ya estás listo para solicitar a las universidades?”
Aprendí que nunca hay que darse por vencido, nunca debes decir: “ya no puedo”, porque en las lluvias más fuertes es cuando las flores más bonitas empiezan a florecer.
Siento que el tema de estudiantes fallando en la preparatoria es bastante común en California. La estáticas dice que 10% o aproximadamente 116,500 de estudiantes usan programas similares o los admiten en escuela de continuación.
Además de los programas que las escuelas utilizan para ayudar a los estudiantes como planes de aprendizaje personalizados (ILP), programas de recuperación de créditos, clases con menor tamaño y asesoramiento sobre salud mental. Necesitamos mejores influencias, líderes comunitarios que nos guíen además de nuestros padres, que nos enseñen que nunca hay que rendirse.








