El Nuevo Sol http://elnuevosol.net Periodismo global en español desde Los Ángeles Thu, 06 Jul 2017 19:54:02 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.8 Radio Nepantla: la historia de un niño que salió de Guatemala http://elnuevosol.net/2017/07/radio-nepantla-la-historia-de-un-nino-que-salio-de-guatemala/ Thu, 06 Jul 2017 19:50:21 +0000 http://elnuevosol.net/?p=28611

Este episodio de la serie Dreamers: Redefinir el Sueño Americano cuenta la historia de Ernesto Valenzuela, un joven que de niño tuvo que huir de Guatemala y ahora ayuda a otros niños y jóvenes en su misma situación a transitar a un nuevo idioma y sistema escolar.

Por ALMA GONZÁLEZ, GUADALUPE CASTRO y STEPHANIE RIVERA
RADIO NEPANTLA

Alma González: Bienvenidos a nuestro podcast de Dreamers: Redefinir el Sueño Americano hoy les tenemos la historia de Ernesto Valenzuela.  La historia de este estudiante nacido en Guatemala es basada en el tema de la llegada de menores no acompañados a los Estados Unidos

Guadalupe Castro: Soy Guadalupe Castro y en colaboración con Alma González entrevistamos a Ernesto Valenzuela en el Parque de Exposición en Los Ángeles, y Stephanie Rivera fue nuestra editora.  Este podcast es parte de un proyecto de El Nuevo Sol, Radio Nepantla y El Centro de Recursos Dream del Centro Laboral de UCLA.

Alma González: Desde muy pequeño la vida no fue fácil para Ernesto ya que a muy temprana edad falleció su padre y su madre había decidido emigrar a los Estados Unidos dejándolo a manos de sus hermanos mayores.

Ernesto Valenzuela: Mi mamá se vino para acá y me dejó… creo que de los cinco años… me dejó con mis hermanos mayores. Crecimos solos, mi papá falleció cuando yo tenía un año y medio.

Guadalupe Castro: La violencia doméstica que sufrió en su hogar fue la razón que llevó a Ernesto a tomar la decisión de cruzar la frontera. También porque a su primo lo habían matado por la violencia que ocurre en Guatemala. Hubo personas que lo amenazaban a él y a sus hermanos. Les decían que iban a terminar mal, que los iban a matar.

Erenesto Valenzuela: La razón por la que yo me vine para acá fue porque mi hermano me pegaba mucho. Llegó un punto que me pegó con un cable de luz y me marcó toda la espalda. También me vine para acá porque mataron a un primo mío y éramos cercanos.  

Alma González:  A pesar de que a veces Ernesto iba a la escuela sin comer, siempre ha considerado que los estudios son importantes desde que vivía en Tiquisate, un pueblo pequeño en el país de Guatemala. Aunque Ernesto no tenía qué comer, siempre luchó para salir adelante y mantenerse en la escuela.

Ernesto Valenzuela: Yo siempre he tenido en mente que la escuela es primero y no importa lo que sea.

Guadalupe Castro: Cruzar la frontera por medio de el tren que llaman La Bestia fue una jornada larga y difícil.

Ernesto Valenzuela: En México aguantabamos frío, nos tuvimos que subir al tren, todos veníamos asustados, me monté casi 12 horas de las 5 de la mañana hasta las 8 de la noche, todo el día, con sed, con hambre, pues no no… no paraba el tren.

Alma González: Inmigración arrestó a sus hermanos mayores, pero a Ernesto no.  A él, lo llevaron a una casa hogar donde su madre finalmente pudo reunirse con su hijo al cumplir dieciocho años.

Ernesto Valenzuela: A mí, porque yo era un menor de edad, me dejaron en una casa hogar donde ayudan así a personas como yo que acabamos de venir. Nos dan apoyo, nos tratan bien las personas que trabajan ahí… nos tratan bien.

Stephanie Rivera: La adaptación a un nuevo país no fue fácil. Los mayores obstáculos que enfrentó Ernesto fueron la barrera del idioma y la discriminación. Algunos de sus compañeros se burlaron de él porque no sabía hablar inglés.

Ernesto Valenzuela: Los estudiantes en ese año que yo empecé fueron un poco malos conmigo porque siendo hispanos, latinos, yo les preguntaba que si sabían español y ellos decían que no.

Alma González: Pensando que las cosas podrían cambiar con la ayuda de sus maestros, Ernesto se esforzó por  aprender inglés. Él recuerda a un maestro que lo trataba mal y lo discriminaba. Fue a la oficina para poner una queja sobre el comportamiento del maestro, pero la autoridad del maestro pudo más y a él nunca le hicieron caso. Llegó un punto en el que Ernesto no quería volver a clase, pero siempre lo obligaban a regresar y el maestro siguió con sus insultos.

Ernesto Valenzuela: Ahí también hubo un problema con un maestro de que fue racista conmigo. Él todavía sigue trabajando ahí, pero lo que a él le dolió más fue que yo me pude graduar y ver que yo me superé a pesar de los commentarios que él me dijo.

Stephanie Rivera: A pesar de todos los obstáculos que tuvo que enfrentar, Ernesto hizo un cambio para él mismo y para otros. Ese cambio lo acercó más con los profesores para que ellos aprendieran español mientras él aprendía inglés, y al fin pudieran comunicarse.

Ernesto Valenzuela: Ya me comunicaba un poco más. Con señas o algo usábamos. Hasta un maestro tuvo que aprender español, él dijo que yo lo inspiré para que el aprendiera español. Poco por poco él fue aprendiendo entre los años, así como él aprendió español, yo tambien aprendí inglés. Ya el último año, él me dijo que gracias a mí él había tomado la iniciativa para aprender español. Me sentí feliz porque lo inspiré a él para aprender otro idioma, pues eso también me hizo feliz.

Guadalupe Castro: Ernesto se dio cuenta de que las oportunidades para aprender inglés para los estudiantes era limitada. Eso lo llevó a crear con su maestro, que aprendió español, un programa de tutoría que ayudara a jóvenes como él a aprender inglés.

Ernesto Valenzuela: Cuando estaba en la high school todavía hace dos años fue que creamos el programa Mentorship for ELD. Vimos de que estaban viniendo estudiantes de centroamérica porque yo los tenía en la clase y en la clase yo ya entendía y ellos no. A mí me dolía porque yo sabía que estaban pasando lo mismo que yo pasé. Vine yo y tomé la iniciativa pensé y le dije a mi consejero, le dije acerca del programa de que les ayudaramos a ellos.

Stephanie Rivera:  La creación del programa tuvo buenos frutos y fue creciendo más y más con la llegada de estudiantes de América Central. De alguna manera, Ernesto y su consejero pudieron manejar el creciente número de estudiantes en el programa.

Ernesto Valenzuela: Ya con el tiempo, era solo mi maestro y yo que ayudabamos a casi como unos veinticinco estudiantes. Ya pues se fue haciendo más grande la venida de los niños, de los estudiantes, se hizo más grande. Al final del año, ya eran casi más de cien estudiantes. Se nos hizo complicado hablar con todos so    lo que hacíamos era de que sacabamos dos estudiantes todos los días y hablamos con ellos para ver cómo iban.

Alma González: Después de haberse graduado de la preparatoria, Ernesto continuó con el programa y dejó que otras personas se encargaran de ayudar a cuanto estudiante llegara y necesitara ayuda. Ernesto sigue involucrado en el programa, ya que no ha dejado de ir y dice sentirse bienvenido. En cuanto termine sus estudios universitarios, él planea regresar para seguir ayudando a estos estudiantes.

Ernesto Valenzuela: Yo salí de la escuela, dejé una persona encargada que también pudo entrar al leadership program y pues ellos van a a la escuela y todavía llego yo a la escuela todos los maestros me saludan. Pues yo deje bastantes cosas allí hechas porque cuando yo entré casi no había nada de programas para los estudiantes que acaban de venir a este país.

Stephanie Rivera: Recientemente, Ernesto fue contratado en una preparatoria para ayudar a estudiantes que están pasando por la misma situación que él pasó cuando vino a este país. A pesar de que tendrá un horario ocupado, dice sentirse feliz de todo lo que está haciendo para él y los nuevos estudiantes.

Ernesto Valenzuela: Me van a contratar en una high school para que yo les ayude a los de ELD, a los que acaban de venir, y pues ahí sí me va a tocar un schedule más apretado, un horario más apretado, porque en la mañana voy a ir a la escuela a las 2 tengo que entrar ahí, ya me dijeron, y a las 6 que salgo de ahí de trabajar en la escuela, me voy a mi otro trabajo.

Guadalupe Castro: Ernesto se siente orgulloso a pesar de su dura jornada. Seguirá ayudando a su comunidad latina y está agradecido que tuvo una persona ayudándolo a salir adelante. Actualmente, Ernesto asiste a un colegio técnico y en dos años planea transferirse a la Universidad de California. También trabaja en un restaurante de comida china que lo ayuda a él y a su madre contribuir con los gastos de su hogar. Su sueño es graduarse con su maestría de la universidad para ser profesor de español o para una carrera en justicia criminal.

Ernesto Valenzuela: Me siento feliz ayudar como yo digo a mi comunidad Latina. Me siento feliz en la escuela todos me conocen como Ernestito. Ya mi consejero fue una persona que me ayudó muchos, que siempre estuvo allí apoyandome, dandome las clases que necesitaba.  

Stephanie Rivera: Gracias por escuchar a Radio Nepantla: la voz que traspasa fronteras. Esta fue una producción de El Nuevo Sol, el proyecto multimedia en español de la Universidad del Estado de California en Northridge. Producción y edición: Stephanie Rivera, Alma González y Guadalupe Castro. Composición y producción musical de Alex Bendaña. Soy Stephanie Rivera. ¡Hasta el próximo episodio!


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Congresistas latinos visitan a veteranos deportados en Tijuana http://elnuevosol.net/2017/06/congresistas-latinos-visitan-a-veteranos-deportados-en-tijuana/ Tue, 06 Jun 2017 23:58:55 +0000 http://elnuevosol.net/?p=28592 Por JÉSSICA BEDOLLA
EL NUEVO SOL

Video sobre la visita histórica de siete congresistas latinos a la Casa de Ppoyo a Veteranos Deportados en Otay, Tijuana, conocida cono “El Bunker”. Los legisladores apoyan el proyecto de ley HR 1405, que permite el ajuste a residente permanente de los veteranos deportados y cancelar la deportación de otros veteranos y dejar que ajusten su estatus migratorio.

Reportera: Jéssica Bedolla. Camarógrafo: Fernando Escamilla.

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Radio Nepantla: Harvard Sí Se Puede http://elnuevosol.net/2017/05/silvia-rodriguez/ Wed, 31 May 2017 15:00:59 +0000 http://elnuevosol.net/?p=28546

Este episodio de la serie Dreamers: Redefinir el Sueño Americano cuenta la historia de Silvia Rodríguez, una joven indocumentada y activista que después de terminar su carrera en la Universidad del Estado de Arizona, fue apoyada por sus mentores y la comunidad para hacer un posgrado en Harvard.

Por JOANNA GUZMÁN y LUIS NÚÑEZ
RADIO NEPANTLA

Joanna Guzmán: Bienvenidos a Radio Nepantla, un podcast de El Nuevo Sol, el sitio multimedia del programa de periodismo en español de la Universidad del Estado de California en Northridge.  Soy Joanna Guzmán.

Este podcast es parte de una colaboración de El Nuevo Sol, el Centro de Recursos DREAM del Centro Laboral de UCLA y el show de Omar y Argelia.

Luis Núñez: Y yo soy Luis Núñez. El nombre de nuestro podcast nació de la palabra Nepantla, que viene del idioma náhuatl y significa “estar en medio”. Los indígenas de México usaban esta palabra para hablar de estar entre una cultura dominante y su cultura de origen. El movimiento chicano hizo de este espacio uno de resistencia cultural que trasciende dos culturas y muchas fronteras.

Joanna Guzmán: Usaremos este concepto de “estar en medio” para hablar de millones de niños y jóvenes que han migrado a Estados Unidos en busca de un nuevo futuro. Muchos de estos jóvenes indocumentados se han graduado o siguen estudiando en las universidades del país y otros han sido deportados.

Luis Núñez: Hemos titulado esta serie: Dreamers: Redefinir el Sueño Americano. Este episodio cuenta la historia de Silvia Rodríguez Vega, una estudiante luchadora que emigró de Chihuahua, México a los Estados Unidos con su familia a la edad de tres años y desde entonces ha luchado por superarse. Joanna y yo les contaremos la historia.

Don Francisco en Don Francisco Presenta: Bueno, nuestra próxima invitada, no se si sale a votar, pero ella es un ejemplo de querer es poder. Es un ejemplo de superación, su padre alcohólico, ella indocumentada, carente de recursos, proviene de una familia de uno de los estados más difíciles para los hispanos en este momento, que es el estado de Arizona. Sin embargo, nada de eso la amilana. Querer es poder. Se gradúa, como digo. Es cientista político y ahora va a hacer un posgrado en la más prestigiosa, o una de las más prestigiosas universidades, para que nadie se enoje, La universidad de Harvard. Un aplauso para recibir a Silvia Rodríguez.

Luis Núñez: Al llegar a los Estados Unidos, Silvia y su familia encontraron un hogar en Phoenix, Arizona, donde ella también comenzó a estudiar en la Universidad Estatal de Arizona. Después de estar dos años en la universidad, la Proposición 300 fue aprobada, la cual revocó la beca de Silvia, le quitó el derecho de recibir asistencia financiera de la universidad, y tuvo que pagar cuatro veces la cantidad, ya que fue clasificada como estudiante fuera del estado. Aunque Silvia se encontró con muchos obstáculos, como tener un padre alcohólico y abusivo, ser indocumentada, y no tener dinero para pagar sus cuentas, ella continuó estudiando para obtener una maestría. Sin embargo, estos obstáculos no fueron suficiente para que Silvia terminara su camino, y la llevaron a recaudar 80 mil dólares para asistir a la Escuela de Graduados de Educación de Harvard, donde se estableció como la primera estudiante indocumentada.

Silvia Rodríguez: Supe que era indocumentada porque quería sacar una licencia de manejar y en Arizona a los dieciséis puedes sacar un permiso. Entonces mi papá estaba: “sí, vamos a sacar tu permiso”. Y yo bien emocionada, pero después supe que no podía sacar una licencia para manejar porque no tenía un seguro social. A los dieciséis todavía no estás pensando en tu futuro, en el colegio, ni nada de eso. Entonces me sentí triste pero porque sabía que no podía manejar, pero ni pensé en el resto de las consecuencias de que sería no tener papeles.

Joanna Guzmán:  Silvia fue parte de muchas protestas en Arizona. Protestas de los trabajadores, estudiantes , y de niños, las cuales marcaron su vida …pero fue su primer protesta la que ella recuerda más.

Silvia Rodríguez: Hay tantas luchas que hemos tenido en Arizona, que todas las protestas se quedan en mi mente. Me acuerdo mucho de una de las primeras protestas de las que fui, fue como en el 2005 ó 2006, cuando estaban peleando contra una tienda de muebles que se llama Pruitts. Ellos contrataban a sheriffs que no estaban trabajando o que estaban retirados, para cuidar su área porque cruzando la calle estaba un Home Depot. Entonces esa protesta fue cuando la gente empezó a salir apenas para marchar,  para protestar, cuando empezamos a ver el sheriff Arpaio, donde empezó a hacer todas sus enredadas. Ahí fue el momento donde empezamos a ver que venía en el futuro. Entonces siento que Arizona siempre ha estado como unos pasos más adelante que el resto del país en casos de inmigración, casos de antiinmigrantes. Pero si, esa fue la primera protesta que me acuerdo. 

Luis Núñez: Como toda persona indocumentada, Silvia siente temor al ver un carro de policia. Las protestas y la brutalidad de la policía en Arizona le han quitado la paz y tranquilidad a Silvia, y han causado un gran impacto en su vida.

Silvia Rodríguez: Aunque ya tengo documentos, cada vez que veo un carro de policia, en vez de sentirme como, o esta bien y nos van a cuidar, en mi mente, rápido se vienen todas las memorias de Arizona, de cuando era indocumentada que la policía representaba ICE, y ICE representa deportación, y deportación representa las familias separadas. Eso fue lo que pensaba y lo que sigo pensando, pero poniendo todo eso en el contexto de hoy, cuando pienso en la policía, pienso en police brutality, en todos los afroamericanos que han matado, o que siguen matando, entonces creo que la policía ha dejado de representar seguridad en las comunidades de color ya desde hace un par de años, pero ahorita en especial es cuando se ha estado viendo la hipocresía.

Joanna Guzmán:  A pesar de tener que enfrentar a la policía y el miedo que le causaba, tuvo que hacer todo mientras estaba sola. Silvia cuenta cómo sobrevivió durante esa época, mientras estudiaba en Arizona.

Silvia Rodríguez:  Cuando mi familia se fue de Arizona tenía diecinueve o veinte años, porque ya estaba en la universidad y lo que pasó es que mi mamá no tiene papeles. Entonces, vivíamos cerca de un centro de jornaleros y cada semana habían “minutemen,” inmigración, ICE, y la policía. Era un lugar bien antiinmigrante, entonces empezaron a buscar a mi mamá. Cuando eso paso, de una semana para la otra tuvieron que irse y se fueron a un lugar así como bien raro, Kansas, y en esa semana regalamos todo. No pudimos ni vender lo que teníamos y ya habíamos vivido en Arizona dieciocho o veinte años. Entonces, tuvimos que regalar todo, vendí mi carro y me fui y le dije a mi mama: “me voy a ir a vivir con mi amiga” o no no no, le dije: “tengo un lugar donde vivir, no se preocupen, váyanse.”

Se fueron y la verdad fue que yo no sabía donde iba a vivir. Pero eso fue cuando me fui a vivir en el dormitorio de mi amiga. Ahí me quede como un año, pero como no tenía permiso de estar ahí, tenía que estarme escondiendo, no tenía llave, unas veces no podía tener acceso a la llave, entonces tenía que dormirme en la biblioteca. No sé cómo explicarlo pero a veces sentía: “por qué estoy batallando tanto en querer terminar mi carrera en la universidad, cuando puedo trabajar en un café, o en cualquier lugar y tener dinero para pagar mi telefono, y poder hacer cosas asi”. Pero no sé por qué razon seguí estudiando. Creo que porque ya estaba tan cerca y ya había pasado tantas cosas, que  para rendirme al último minuto se me hizo como que no quise. Pero ahora si gracias a Dios lo pude terminar.

Pero a veces pienso, si supiera ahorita, o antes, todo lo que me iba a pasar, creo que no hubiera seguido, porque a veces pienso: “que exhausting”. Si hubiera sabido todo lo que tenía que hacer, no lo hubiera hecho. Estoy bien contenta de donde estoy ahorita y me siento muy afortunada de poder haber tenido la educación que tuve, las experiencias, aunque fueron tan difíciles de no tener a mi familia cerca, de no tener un lugar donde vivir, y de estar escondiendote de la ley. Aunque pasé por todas esas cosas, también puedo decir que estudié en unas de las mejores universidades, que he viajado a muchas partes del mundo, que estudio en una de las mejores universidades en los Estados Unidos, que voy a tener un doctorado; cosas que mucha gente no puede decir, desafortunadamente. Entonces no me arrepiento.

Luis Núñez: Siguen existiendo muchas familias separadas de sus hijos porque no tienen papeles. Aunque Silvia está contenta con todo lo que ha hecho, su felicidad no está completa porque no la puede compartir con su familia.

Silvia Rodríguez: Mi papá vive en Arizona y mi mamá vive en Texas. Los dos se sienten bien orgullosos de todo lo que he hecho. Están felices de lo que he logrado, pero a la misma vez, creo que todos en mi familia tenemos un poco de tristeza por todo lo que hemos pasado. A pesar de que ya todos estemos en diferentes lugares, o ya hemos pasado lo más difícil, todavía no estamos juntos. Entonces, siento que ahí puedes ver las consecuencias de las leyes anti-inmigrantes, de que aunque la gente tenga documentos o ya están mayores o no tengan problemas con las leyes, las familias todavía siguen separadas.

Entonces, están orgullosos de mí pero no pudieron ir a mi graduación de Harvard, a lo mejor no van a poder venir a mi graduación en UCLA. Entonces, ha sido un proceso muy solitario. A veces pienso que como mi familia se vino a los Estados Unidos porque mi papá tenía problemas con alcoholismo, pero no tenían que venirse… La historia más típica es de que necesitaban recursos para sobrevivir o necesitaban salir adelante, sacando más dinero, entonces la gente se viene a los Estados Unidos, para trabajar, pero mi papá estuvo en la universidad, mi mamá… toda la familia que tenemos en México están en una situación mucho mejor de la que estamos nosotros aquí. Entonces, no tenían necesidad financiera para venir pero se vinieron porque mi papa tenia problemas alla y querían seguir siendo una familia acá.

A veces pienso: “para qué se vinieron para acá, y tuve que se indocumentada”. Pudiera haber tenido una vida muy facila allá. Pero pensando en todo lo que he pasado, vendido, todo eso, me siento contenta de que se vinieron y de que tuve las experiencias que tuve porque siento como que lo que he hecho, o lo que… el trabajo que he hecho aquí fue un trabajo que siento tiene más impacto de cualquier cosa que yo hubiera podido hacer alla en Mexico. Los artículos que publique y las clases que yo de, o con los estudiantes con quien yo trabaje, puedo hacer un cambio mas grande que trabajando allá y teniendo una posición más comoda y todo eso, y como persona y como mujer, me ha dado mucha independencia, me ha dado el tiempo que necesito para viajar, para pensar…puedo decir que me pagan por pensar. Aunque a veces digo: “qué difícil, ya no quiero estar aquí, ya quiero terminar, o this sucks“, pero la realidad es que me pagan por leer y por escribir y por pensar. Es la coincidencia de que me gusta pensar en cómo podemos mejorar lo que nos está pasando. Pero creo que me ha ayudado a ser una persona mejor de la que pude haber sido en otro lugar.

Joanna Guzmán: Silvia ha estado separada de su familia por más de diez años, y aunque ha tenido que luchar contra el racismo, no tener un hogar estable, y estar lejos de sus seres queridos, ella logró recaudar más de 80 mil dólares para seguir sus estudios y estar donde esta el dia de hoy. ¿Quieren saber cómo? Escuchen.

Silvia Rodríguez: Cuando me admitieron a la Universidad de harvard me dijeron: “Okay, cuesta como 80 mil dólares pero no te preocupes, te vamos a dar una beca de 10 mil dólares”. Ellos pensaban que yo podía recaudar el resto por medio de loans (préstamos), y todas esas becas que tienen para gente indocumentada. Pero creo que la razón por la cual pude lograr eso fue por la Propuesta 300. Años atrás, cuando paso la propuesta 300 en Arizona, todos tuvimos que ponerlos las pilas y pensar en qué podíamos hacer para recaudar fondos porque cada estudiante en ASU, en la Universidad Estatal de Arizona, tiene que pagar 20 mil dólares para tomar clases. Entonces, teníamos que pensar en maneras de recaudar 20 mil dólares por estudiante. Entonces, no nada más estaba pensando en mi beca o en mi carrera, pero en la del resto de la comunidad, y por medio de ese esfuerzo, recaudamos dinero para diferentes estudiantes. Pero ya tenía como la mentalidad de cómo buscar esos fondos, o ver cuáles eran las puertas que siempre han estado cerradas. Entonces, ya tenía un poco de experiencia.

La verdad, hice de todo. Toda mi comunidad, mis amigas, mis amigos, gente con la que trabajaba, empezamos a ver qué podemos hacer, y había gente que decía: “Vamos a vender tacos, voy a vender arte”, pero lo que yo empeze a hacer es hacer eventos comunitarios donde diferentes artistas donában su arte y fue de verdad un esfuerzo comunitario. También apliqué por becas de todas partes y trabajé con una organización en Arizona, que fueron mis agentes fiscales. La gente podía donar a esa organización y ellos abrieron una cuenta. Ese dinero lo mandaban a Harvard, pero la gente que donaba podía escribirlo en sus taxes. Luego que pasó lo de Don Francisco, fue cuando mi blog que tenía en ese tiempo, mucha gente empezó a comentar en mi historia, que me habían visto en el periódico o en ese programa. Entonces, tuve un fondo online donde también podían donar por medio del internet. Entonces hice de todo. Cuando entré y empezaron las clases, todavía no tenía todo el dinero, pero de todos modos fui y fue cuando trabajé con unas personas de Arizona para hacer un documental pequeño como de 5 minutos donde explicaba lo que estaba haciendo, lo que quería hacer, lo que significaba estar allé, y eso fue la última gotita que me ayudó a llegar al total de lo que tenía que recaudar.

Luis Núñez: En el 2006, los votantes de Arizona lograron pasar la proposición 300, la cual requería que aquel que no tenga papeles, y no sea ciudadano, pagar lo que se le cobra a un estudiante llegando de otro estado, sin recibir asistencia financiera del estado. Mientras esta propuesta se llevaba a cabo, Silvia continuó estudiando. Ella nos cuenta sobre lo que hizo para continuar, y sobre el transcurso entre UCLA y Harvard.

Silvia Rodríguez: Pues ya estaba involucrada en la comunidad haciendo campañas para que incrementaran el sueldo mínimo, pero cuando empezamos a saber de la Propuesta 300 todos los estudiantes indocumentados y yo empezamos a hacer una campana, trabajamos con una organización, ACLU, y hicimos marchas, protestas, un montón de cosas pero nos sentíamos como que si pasaba la propuesta, nos íbamos a morir, así como que va a ser el fin del mundo, va a ser lo más horrible.

Un dia estabamos bien, al siguiente nos quitaban las becas, entonces fue como un tiempo muy muy muy horrible y difícil. Donde no nada más era la presión de estudiante indocumentada, pero también como alguien en una familia indocumentada, donde mis papás se fueron del estado…era como un desastre. Entonces, fue muy difícil. Durante ese tiempo, cuando me gradué, aunque me había graduado con honores, tenía dos licenciaturas, no pude usar nada de lo que hice de mi carrera para trabajar porque no tenía papeles para trabajar.

Lo que hice fue aplicar a programas para seguir estudiando y se me hace un poquito chistoso que la única universidad que me aceptó cuando hice mis aplicaciones fue Harvard. Apliqué para otros programas de doctorado y no me aceptaron. Pero creo que eso sí cambió mi vida. Al poder ir…porque todos los dias estabamos peleando…en ese tiempo ya habían presentado la SB 370, donde estaban legalizando “racial profiling” en Arizona, entonces estábamos en protestas cada semana. Cada semana habia una acción, una protesta, un boicot, todo eso. No nada más era las SB 1070, era HB 2281, que estaban quitando “ethnic studies,” entonces la gente indocumentada, la gente de color, en Arizona, la gente mexicana, para ser más directos, fueron atacados de cualquier manera. Si tienen papeles o no tienen papeles, de todos modos el mensaje era de que no nos querían ahí. Al ser una persona donde tu familia ha sido separada y en el estado pasan puros mensaje donde la gente política, la gente en la comunidad, los votantes, todos te quieren sacar. Nadie te respeta, no respetan tus leyes como humano, y cuando me aceptaron en Harvard, todo eso fue como un “FU” a los racistas; al sheriff, a la gobernadora, a todos los que votaron por la Prop 300, a los que votaron por la SB 1070. Fue una manera de darme “validation” fuera del estado.

Pero sí me da tristeza de que tienen que pasar cosas tan extraordinarias, que “whoah, Harvard” y todo eso, para que la gente te dé valor como humano. Porque hay tantos estudiantes que no pueden llegar a Harvard, no porque no sean inteligentes, sino porque no nos dan los recursos en las escuelas. Entonces fue como… le veo el lado bueno, porque si me ayudó y me cambió la vida, pero también veo el lado de que es un privilegio tan grande, pero me da mucha tristeza que no haiga más gente que tenga acceso a eso. Entonces, cuando terminé de ahí, mi estatus migratorio cambió. Pude aplicar por la residencia. Eso fue como ya una nueva vida. Ya no tenía que estarme escondiendo. Ya no tenía que estar buscando entradas como loopholes y todo eso. Pero aunque legalmente era documentada, como que mi mente no podía…no me cabía en la mente que ya tenía papeles. Todavia me sentía como que era indocumentada. Pero entonces me vine a California porque iba a estudiar en Claremont, con el profesor, y él me dijo que si tenía papeles, mejor que aplicara a otras escuelas. El quería que estudiara con un profesor en Stanford pero fue que me aceptaron en UCLA, y como es un programa que estaban abriendo el primer doctorado, en estudios chicanos, entonces este es el lugar donde puedo estudiar leyes, niños, inmigración, arte, todo lo que me gustaba, todo lo que me apasiona, todos mis intereses, podía estudiarlos ahí. Por eso empecé ahí y ya voy en el quinto año.

Joanna Guzmán: Muchos criticaban a Silvia y le decían que no iba poder lograr todas sus metas porque era indocumentada y joven pero todas esas palabras negativas fueron las que ayudaron a Silvia a luchar más por sus sueños.

Silvia Rodríguez: Creo que lo que me dio mucha motivación para seguir adelante fueron las voces que me decían que no podía. Porque lo que esperaban de mí era de que me iba a embarazar a los quince y que iba a ser un dropout, y que ahí iba a terminar. Fueron cosas que yo había escuchado de niña y de que eso iba a pasar, y todo eso. Pero escuchando esas voces y las voces que decían, “eres indocumentada, illegal alien, no te queremos aquí, vete para México, ignorant”, todas las cosas que nos dicen y los mensajes que nos mandan, fueron lo que me dieron la motivación para seguir adelante. Entonces, si tuviera documentos hubiera sido más fácil todo y no se si hubiera querido hacer lo que he hecho. Tuve muchísimos mentores que me apoyaron tanto de formas muy básicas, de formas de ayudarte a saber cómo funciona la universidad, de escribirte cartas de apoyo, de recomendación, de invitarte a eventos, pero también de pagar mis libros, sacarme a comer, conocer a sus familias, cosas tan sinceras y básicas que de verdad, fueron más allá de lo que es necesario. La bondad de la gente, de esas personas, fue lo que me ayudó a seguir de un día para el otro, de un mes para el otro, de un año para el otro. Poquito a poquito me ayudaron a vivir y a sobresalir.

Luis Núñez:  Actualmente, Silvia está trabajando en una escuela con niños, en la cual enseña cómo las leyes anti-inmigrantes afectan a niños de familias, por medio del teatro y el arte. Después de terminar su doctorado, a Silvia le gustaría estar trabajando como profesora y a la vez, hacer estudios sobre lo que ocurre en la comunidad latina. En sí, tambien le gustaría publicar un libro y asistir en el cambio de algunas de las leyes de este país.

Joanna Guzmán:​ Muchas gracias por escuchar a Radio Nepantla: La Voz que Traspasa Fronteras. Los invitamos a escuchar el resto de la serie “Dreamers: Redefinir el Sueño Americano”… Ahí contamos las historias de los jóvenes que están luchando para hacer realidad el sueño colectivo de los inmigrantes.

Visítenos en nuestro canal de SoundCloud: ElNuevoSol o en nuestra página web: elnuevosol.net

Si quiere saber más de los dreamers, viste la página web del Centro Laboral de UCLA: labor.ucla.edu Esta fue una producción de El Nuevo Sol, el proyecto multimedia en español de la Universidad del Estado de California en Northridge. Producción y edición: Joanna Guzman y Luis Núñez. Composición y producción musical de Alex Bendaña. Soy Joanna Guzman.

Luis Núñez:​ Y soy Luis Núñez. Gracias por escucharnos. Hasta la próxima.


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Radio Nepantla: no me cortarán las alas de acceso a la educación http://elnuevosol.net/2017/05/christopher-farias/ Tue, 30 May 2017 15:00:26 +0000 http://elnuevosol.net/?p=28582

Este episodio de la serie Dreamers: Redefinir el Sueño Americano cuenta la historia de un estudiante mexicano que llegó a Estados Unidos a una edad muy joven y que ahora se encuentra en la universidad, apoyado por la ley de la asamblea 540 y el California Dream Act.

Por SANDRA BANUELOS, JANETTE CONTRERAS y DALIA ESPINOSA
RADIO NEPANTLA

Sandra Banuelos: Bienvenidos a Dreamers: Redefinir el Sueño Americano, un podcast de El Nuevo Sol, el sitio multimedia del programa de periodismo en español de la Universidad del Estado de California en Northridge. Yo Soy Sandra Banuelos.

Janette Contreras: Yo soy Janette Contreras. Este podcast es parte de una colaboración de El Nuevo Sol, el Centro de Recursos DREAM del Centro Laboral de UCLA y el show de Omar y Argelia.

Dalia Espinosa: Yo soy Dalia Espinosa. Hoy hablaremos sobre un estudiante mexicano que llegó a Estados Unidos a una edad muy joven. Desde entonces, él ha sido un estudiante excepcional y ahora se encuentra en la universidad, apoyado por la ley de la asamblea de 540 y el California Dream Act. Sandra, Janette y yo les contaremos la historia.

Dalia Espinosa: AB 540 es una ley que permite a ciertos alumnos pagar colegiaturas de residentes del estado. Por el contrario, estudiantes indocumentados tendrían que pagar más dinero por no ser residentes legales. El California Dream Act ofrece ayuda financiera, también, para esos estudiantes.

Desde pequeño, Christopher Farías, ha tenido la ambición de ser el primero en su familia que aprendiera todo lo que se le enseñaba en la escuela. Llegó a los Estados Unidos a la edad de 5 años, acompañado con su mamá y hermano menor. Ahora está estudiando periodismo en la Universidad del Estado de California en Northridge. Pero no todo ha sido fácil para Christopher. Él tuvo que pelear contra la voz de la sociedad que pensaba que los indocumentados no podían llegar lejos.

Sandra Banuelos: Era un día muy rápido para Christopher y su familia el día que empezaron su viaje a los Estados Unidos. En México, Christopher iba a la primaria. El salió de la escuela como cualquier otro día normal, pero cuando llegó a casa, se fijó que había maletas empacadas.

Christopher Farías: Yo cuando llegué a los Estados Unidos tenía cinco años, iba cumplir seis a los dos meses. Yo, en México iba en el kínder y me acuerdo era un día normal como cualquier otro día. Lo único diferente era que en ese día mi mamá me recogió de la escuela y me dijo: hoy nos vamos a ir. Y yo no entendía muy bien qué significaba que nos íbamos a ir a otro lugar, a otra ciudad, otra casa o qué. Pero cuando vi que llegamos a mi casa, todo estaba empacado, fue cuando empecé a preguntarme muchas cosas. ¿Qué pasó? ¿Nos corrieron? Era un niño chiquito, no sabía qué estaba pasando en realidad, pero yo pensaba lo peor. Yo ya tenía dos años que no miraba a mi papá porque él se vino a los Estados Unidos cuando yo tenía tres años. Entonces, yo lo que pensé fue: algo le pasó a mi papá.

Janette Contreras: Antes de empezar un camino largo, Christopher y su familia fueron a casa de su abuelita para despedirse de los demás de los parientes. Después tomaron un autobús que los llevaría a Sonora, en donde se quedaron un día antes de empezar lo que le llaman “el día de cruzar”.

Christopher Farías: Mis primos me abrazaban, mis abuelitas, mis abuelitos como si nunca me fueran volver a ver. Cuando me subí al autobús, mi abuelita me abrazó muy, muy fuerte y me dio una calcomanía de un… de un santo. Hoy en día mis dos abuelitas ya no viven, y uno de mis abuelitos, entonces yo creo que eso es más difícil de saber, de que, en realidad esos sí fueron los últimos momentos que los vi. De ahí nos llevaron a la casa del coyote, y en la casa del coyote había un autobús y había muchas familias. Éramos como treinta personas. Me acuerdo que todos llorábamos. Yo lloraba porque veía a mi mamá llorar.  Pero yo en realidad era un niño no sabía en lo que nos estábamos metiendo.

Dalia Espinosa: Christopher despertó a lado de su mamá y su hermano la mañana que irían a cruzar la frontera de Arizona. Al alistar sus pertenencias, se dieron cuenta que tendrían que dejar muchas de sus posesiones atrás.

Christopher Farías: Me acuerdo de que yo tenía la calcomanía que mi abuelita me dio, tenía dibujos que mis primos me dieron y todo eso tuvimos que dejar atrás porque ya eran muchas cosas. Lo único que sí me acuerdo era que metí la calcomanía en mi bolsillo de mi pantalón y me la llevé conmigo.

Sandra Banuelos: Christopher recuerda haber mirado patrullas fronterizas. Él, como los demás, se escondieron atrás de árboles y arbustos. Fueron ordenados por los demás que no hablaran, no se movieran. Así permanecieron hasta que oyeron a las autoridades retirarse. Aunque pudieron esconderse de las autoridades, la incomodidad que viene con el cruzamiento siguió.

Christopher Farías: Me acuerdo que era un día muy caluroso. Había como treinta personas, pero vieron que había más hombres que mujeres. Entonces, a los hombres los separaron por otro camino y a las mujeres con los niños los separaron para otro camino. Según un camino más fácil. Mi hermanito chiquito se enfadaba, lloraba, todos teníamos mucha sed. Yo veía que mi mamá no se veía contenta. Yo pensé que al saber que íbamos a ver a mi papá era algo… una emoción. Pero ella se veía preocupada y yo, siendo el hermano más grande en ese entonces, yo tenía qué no enseñar que estaba asustado. Antes que mi papá se vino a los Estados Unidos me dijo que yo iba ser el encargado de la casa. Entonces, si yo veía a mi mamá triste, yo tenía que responder y hacerla sentir mejor.

Janette Contreras: Igual como era en Sonora, Christopher se fijó que mucha gente tenía que seguir dejando sus posesiones atrás. Él recuerda mirar ropa, juguetes de niño y biberones de bebé.

Christopher Farías: Era algo muy triste porque veías todas las memorias olvidadas de toda la gente que cruzaba de los Estados Unidos.

Dalia Espinosa: Ya que el grupo de migrantes fueron acercándose más a la frontera, el coyote dio instrucciones que pasaría una camioneta y ellos tendrían que correr atrás de ella hasta que puedan brincar y subirse.

Christopher Farías: En cuanto llegó la camioneta y nos fuimos corriendo. Me acuerdo que mi mamá me decía: “¡córrele! ¡córrele!” Yo fui corriendo, yo como era unos de los más chiquitos, yo llegué más rápido y me aventé en la camioneta y me acuerdo que todos empezaron a aventarse adentro. Una señora estaba encima de mí, yo no podía respirar, estaba muy asustado y en cuanto todos llegamos a la camioneta, nos taparon con una lona azul. Un azul muy brillante.

Sandra Banuelos: Después de aproximadamente una hora de camino, un oficial detuvo a la camioneta. Como el oficial hablaba en inglés, Christopher no entendía lo que decía. Ahora él se imagina que el oficial le preguntaba al conductor sobre lo que traía en la camioneta.

Christopher Farías: Mi mamá me ha contado que cuando nos pararon, ella sintió que el policía le tocó la pierna. Entonces, el policía sí sabía que estaban cruzando a gente de México a Estados Unidos pero ese policía nos dejó ir. No nos paró la policía, digo no nos descubrió. No quitó la lona, envés, me acuerdo que tocó la troca y le dio un manotazo y seguimos en el camino.

Janette Contreras: Cuando Christopher y su familia llegaron a Phoenix, Arizona, se quedaron en una casa con otros migrantes. Allí, la mamá de Christopher le llamó a su esposo para avisarle que ya habían llegado. La noticia le llegó como sorpresa al papá de Christopher porque él no sabía que ellos irían a venir a los Estados Unidos.

Dalia Espinosa: El papá de Christopher vivía en Anaheim, California. Él no tenía carro en ese tiempo. Entonces, se tardó dos días en recogerlos de Arizona.

Christopher Farías: En esos dos días, me acuerdo que entró la migra en la casa. Empezaron a arrestar a la gente que estaba en esa casa. Me acuerdo que nosotros nos escondimos en un baño, donde la gente se ducha. Y entró el migra al baño, pero nunca abrió la cortina. Nunca la movió, nos salvamos esa vez y cuando salimos del baño, de unas veinte a treinta personas que estábamos en esa casa nomás quedamos como unos diez.

Dalia Espinosa: Como Christopher tenía pocas memorias de su papá, era difícil acordarse muy bien de él.

Christopher Farías: Yo amaba a esa persona, pero como tenía dos años de no verlo, no sabía quién era. Sabía que era mi papá porque mi mamá me decía que era mi papá. Ya no me acordaba de él. Era muy raro, mi hermanito chiquito también no se acordaba de él. No se dejaba abrazar de él. Nomás estaba llorando y llorando, y mi mamá nos decía: “No, él es tu papá”. Y mi hermanito decía: “no, no, no”. Cuando llegamos a Anaheim después de muchas horas de manejo, mi papá, nos paramos en una gasolinera y él no tenía celular y entonces habló por teléfono en un teléfono de paga, y me acuerdo que mi papá le metió monedas al teléfono y las primeras palabras que yo aprendí fue “la quarter” y “el nickel”, porque mi papá dijo que eso le estaba metiendo al teléfono. Los próximos treinta minutos después de eso, yo solo repetía eso. “Quarter, nickel, quarter, nickel”. Le decía a mi mamá: “¡Ya sé inglés, ma! ¡Ya sé inglés!”

Sandra Banuelos: Al llegar a Anaheim, Christopher se sintió desilusionado al mirar el garaje donde irían a vivir por unos dos o tres meses.

Christopher Farías: Cuando llegamos a Estados Unidos era a la casa en Anaheim era una desilusión muy grande porque en México yo crecí con historias de que en los Estados Unidos encuentras dinero en el piso, de que toda la gente tiene buen trabajo, tienen casas muy grandes, que todo son güeros. Pero cuando llegué a los Estados Unidos, mi papá vivía en un garaje. Llegamos y yo pensé que esa era la casa de mi papá, pero cuando vimos que no entramos por el portón de enfrente entramos por atrás y nos metió donde usualmente se estacionan los carros, era una desilusión. Mi papá vivía con otros señores adentro en ese garaje. Me acuerdo ver a mi mama muy triste también de ver la situación, de ver que en la realidad no es como la gente la pinta en México. Había ratones en ese garaje y me acuerdo cuando yo iba a la escuela y regresaba de la escuela, mi mamá y mi papá peleaban mucho porque mi mamá no estaba contenta de la situación de que mi papá vivía. Mi papá era un alcohólico, él tenía 24, 25 años en ese entonces. Mi mamá, 23. Yo me quería regresar a México, yo no quería estar aquí.

Janette Contreras: Al entrar a la primaria en los Estados Unidos, Christopher recordaba todo muy diferente de sus memorias en México. En su primer día de escuela, él captó que todos hablaban en inglés.

Christopher Farías: La primera tarea que hice en la escuela fue de colorear un dinosaurio. Este dinosaurio tenía números en su nariz, en sus ojos, y cada número significaba un color. Yo no sabía que era todo eso, entonces yo estaba coloreando el dinosaurio como yo pensaba que se coloreaba. Me acuerdo que mi maestra me hablaba, me imagino ahorita que me decía que lo estaba haciendo mal, pero yo no le entendía. Yo lloraba, le decía: “Por favor, hábleme en español, yo no sé hablar inglés”, pero ella no sabía hablar español.

Dalia Espinosa: Afortunadamente, muchos de los niños que vivían en Anaheim eran de familias mexicanas. Como ellos eran bilingües, le ayudaron a Christopher a traducir y entender la materia con más facilidad.

Christopher Farías: En esos dos meses de kínder, yo aprendí mis colores, mi abecedario, mis números en inglés, yo ya podía conversar poquito en inglés porque yo soy un estudiante muy inteligente. Yo me puse de meta que iba a prender inglés. Si dejé a toda mi familia, dejé mi tierra nativa y mis amigos atrás, tenía que valer la pena. Entonces yo dije: mi papá no tiene buen trabajo, mi mamá no tiene buen trabajo. Entonces, yo voy a ser el primero a tener buen trabajo. Yo voy a tener que aprender inglés para enseñarle a mi hermanito chiquito. Yo voy a tener que ir a estudiar a la universidad para tener buen trabajo porque yo nunca quiero vivir otra vez en ese garaje. Entonces, desde esa vez que entré a la escuela hasta ahorita, yo nunca me he dado por vencido.

Sandra Banuelos: Christopher fue inscrito al programa English Lenguage Development (ELD) que le ayudó aprender inglés a un ritmo más natural para él. A los ocho o nueve años, Christopher pudo salir del programa.

Christopher Farías: Al contrario, otros niños que nacieron aquí todavía estaban en ese programa.

Janette Contreras: Ya que Christopher entró a la preparatoria, él tenía planes de seguir su educación en una universidad. Christopher condujo un proyecto sobre las universidades para una asignación de escuela.

Christopher Farías: Estábamos en la clase y empezamos a platicar de un proyecto de hacer una investigación sobre las universidades, me acuerdo de yo en aquel entonces quería ser director de películas y yo hice mis propias investigaciones y la escuela adecuada para mí en ese entonces era la universidad de Arizona.

Dalia Espinosa: El maestro habló con la clase sobre los proyectos, pero cuando llegó a Christopher, le dio a entender que sus planes de ir a la universidad no eran realistas.

Christopher Farías: Y cuando nos preguntó a cada uno: “¿A qué universidad van a ingresar?”, yo le dije cual. Él me dijo que a esa universidad yo no podía ir porque yo nací en México y que los inmigrantes no van a la universidad, no llegan lejos. Me acuerdo que le creí, porque él era un maestro estudiado, blanco, con privilegios, yo creí que él era más inteligente que yo, y que él tenía la razón.

Dalia Espinosa: A tiempos más cercas de graduación, amistades le preguntaban a Christopher dónde iría después de la preparatoria. Él les contestaba que no iba ir a la universidad. Sus planes eran graduarse y trabajar en construcción, como su papá.

Christopher Farías: Después de diez años en Estados Unidos, yo me di cuenta de que nada es fácil para los latinos, especialmente para los inmigrantes. Entonces, yo poquito a poquito me vine haciendo a la idea que no iba a llegar lejos. Y yo le creí a la sociedad de que yo no podía llegar lejos. Me acostumbré, me conformé.

Sandra Banuelos: Un día, llegaron unos estudiantes a la escuela de Christopher y lo invitaron a un programa que se obtiene después de la escuela. Como a Christopher le gustaba involucrarse en programas extracurriculares, él aceptó. Allí ofrecían tutoría para la tarea y también ayuda para inscribirse al colegio o universidad. Aunque Christopher ya no planeaba ir a la universidad, de todos modos, fue a una junta del programa para escuchar un poco más sobre la información universitaria.

Christopher Farías: Uno de los tutores me vio que yo no alzaba mi mano para nada, y después de la conversación que tuvo el tutor con los estudiantes me dijo a mí que por qué yo no alcé mi mano, qué pasó. Y le dije: “es que yo nací en México. Yo no puedo ir a la universidad”. Y fue mi tutora la que me dijo que no, que estaba equivocado, que sí había leyes.

Janette Contreras: Ya que Christopher estaba escuchando nueva información que nunca había escuchado antes, le regresaron las esperanzas de seguir estudiando en una universidad. Se sentó a lado de la ayudante y al buscar información en la computadora, Christopher fue mirando que con ayuda de AB 540 y el California Dream Act, sí podía ir a la universidad.

Christopher Farías: Había algo que se llamaba el Dream Act, que había algo que se llamaba el DACA, y que había oportunidades para mí, que mis sueños sí podían lograrse. Y yo no le creí en realidad porque yo dije, “no. Es muy bueno para que sea verdad.” Pero yo, adentro de mí, yo tenía esa emoción de que, ¿” será verdad”? ¿Será verdad que sí voy a poder ir a la universidad? ¿Será verdad de que ese sueño que me dije hace 10, 12 años… es verdad que voy a tener mejor trabajo que mis papas?

Dalia Espinosa: Sin la ayuda de AB 540 o California Dream Act, Christopher tendría que pagar más de $8 mil al año sin ayuda financiera para atender la universidad. Él, como muchos estudiantes, no tienen los recursos suficientes para pagar todo ese dinero fuera de bolsillo. Es por eso que, sin la ayuda de estos programas, él tendría que sacrificar su educación académica.

Christopher Farías: En mi casa, el problema número uno siempre ha sido el dinero. Y aunque antes de que ella me contara sobre el Dream Act, yo en mi mente pensé luego, luego: “Okay, a la mejor sí puedo ir a la universidad, pero mis papás no pueden pagar”, y al ella decirme que existía esto del Dream Act y que yo podía aplicar para que me cubrieran por mis clases, yo estaba muy emocionado. Y luego me dijo: “Pero hay más, también está el DACA”. Y le dije: “Okay, ¿qué es el DACA?”Y ella me explicó que era la habilidad de poder tener un trabajo legalmente, la habilidad de poder obtener una licencia de manejo. Y para mí, ese día me acuerdo que era uno de los días más mejores de mi vida. Porque por fin después de tantos años de escuchar un “no”, escuché un “sí”. Y es algo que yo nunca en realidad había experimentado. No sabía si la gente llora cuando les dicen que sí… o sí la gente grita cuando les dicen que sí. Yo no sabía. Me acuerdo que estaba nomás en shock. Estaba sentado. Todas esas ideas de que yo me hacía en mi mente cuando era niño de que iba ser el mejor director de películas y que iba a ganar [premios] Oscars y todo eso. En ese entonces me dije: “Eso puede ser verdad. Ese puedo ser yo”. Cuando me dijo ella toda la información, yo dije “okay, deja me pongo las pilas y deja empiezo aplicar a todo”. Me acuerdo que apliqué para el Dream Act, apliqué para el DACA, apliqué para universidades por primera vez, apliqué para becas por primera vez y yo era el estudiante más feliz.

Sandra Banuelos: Ya que Christopher llegó a su casa, les dio la noticia a sus padres que asistirá a la universidad.

Christopher Farías: Me acuerdo que llegué a mi casa y le dije a mi mamá y mi papá que iba ir a la universidad. Y mi mamá empezó a llorar porque ella siempre pensó que no iba poder. Ella tuvo que dejar a su familia, a sus hermanos, a su mamá, a sus amigas y ella estaba triste de todos modos estando en los Estados Unidos porque tuvo que dejar todo. Y al saber que sus hijos no iban a poder avanzar en nada tampoco… ella era una persona muy triste. Y yo al dar esa noticia de que iba poder ir a la universidad, ella empezó a llorar y yo empecé a llorar porque sí íbamos a poder los dos lograr muchos sueños juntos. Y hasta entonces, siempre mi mamá y mi papá son unos de los mejores motivadores y todo esto lo hago por ellos.

Janette Contreras: En muchas ocasiones, Christopher se sentía diferente a sus compañeros.

Christopher Farías: Toda mi vida en realidad empezó a cambiar. Yo ya podía ser parte de todos los estudiantes normales. Podíamos platicar sobre las universidades, podíamos platicar sobre cuál nos estaban aceptando, cuáles no. Podíamos platicar de ir a paseos para conocer a las universidades juntos. Y yo pensé que yo no iba poder hacer eso con ellos. Empecé yo a poder aplicar para trabajar en trabajos reales. Mis últimos años, muchos de mis amigos ya estaban hartos de la preparatoria. Ya querían graduarse, ya querían moverse lejos, y yo no. Yo estaba muy emocionado. Yo hacía todas mis tareas, iba a todas las convenciones que había para aprender todo porque mi mamá y papá no tienen la educación suficiente para entender muchas de las cosas. Entonces, yo todo lo que hice en ese entonces no era nomás para mí, pero era también para mis padres porque yo quería que ellos fueran parte de esta aventura nueva para mí.

Janette Contreras: Realísticamente, Christopher quería atender a la universidad estatal de California en Northridge porque es cercana a donde vive y le ahorraría dinero.

Dalia Espinosa: Christopher oía estudiantes hablar sobre las universidades que los habían aceptado. Él todavía no tenía la respuesta de las universidades en las que él se enlistó, entonces empezó a perder las esperanzas.

Christopher Farías: Cuando todos empezaron a recibir sus cartas de aceptación, yo no estaba recibiendo nada de Northridge. Y me empecé a preocupar porque, aunque otras escuelas sí me aceptaron, yo quería venir a la universidad de Northridge porque sabía que era una de las escuelas mejores para mi carrera. Y un día, después de muchos meses, fui a visitar a mi tutora. Y me dijo: “¿qué pasó?” ¿Sí te aceptaron o no te aceptaron?” Y le dije: “No, no recibí nada. No creo”. Y dijo: “¡Qué raro! Hay que chequear en el internet”. Entonces, ella se subió a la página web de la universidad y vimos que en mi perfil sí decía que yo había sido aceptado a la universidad. Y me acuerdo que los dos empezamos a llorar también porque ella me dice que se acuerda de cuando primero me conoció y tenía sueños que yo pensaba que no eran verdaderos. Y ese momento, saber que mi gran sueño se había cumplido… era un día muy feliz para mí, no lo podía creer. También me acuerdo que en ese entonces, yo tenía que irme en autobús a la casa. Entonces, estaba yo caminando para esperar el autobús y estaba bien feliz. Estaba gritando en la calle de que iba ir a la universidad y hasta me grabe en un video porque me acuerdo que este es un día que quiero tener un video para acordarme de todo. Escribí en mi celular un párrafo también de cómo me sentía, de que feliz me sentía, de que emocionado me sentía. Y no lo podía creer. Le hablé a mi mamá le dije que sí me aceptaron, que iba ir a la escuela y todos estábamos bien felices y entonces de ahí comenzó mi gran sueño.

Sandra Banuelos: Actualmente, Christopher está estudiando periodismo en la universidad estatal de California en Northridge. Espera graduarse en la primavera del 2018. Él entiende que el trabajo tiene que empezar poco a poco, ya sean con compañías pequeñas, pero su sueño es trabajar un día en Univisión.

Christopher Farías: Mis palabras que yo les quisiera decir a los estudiantes migrantes es de que no se den por vencidos. De que, en realidad, no estamos solos. De que ocupamos investigar todo lo posible, aprender, destacarnos todo lo que podamos porque nosotros somos iguales a todos los otros estudiantes. Nosotros somos capaces de aprender todo lo que cualquier estudiante puede aprender. Yo les quiero decir que se unan uno al otro. De que este es el mejor momento de estar unidos en vez de estar separados. Este es el momento de que tenemos que enseñarles a todos los “no” que sí podemos. Podemos ser un ejemplo para no los latinos nomás, pero también para todo el mundo porque somos muy importantes.

Janette Contreras: Muchas gracias por escuchar a “Dreamers: Redefinir el Sueño Americano” … Ahí contamos las historias de los jóvenes que están luchando para hacer realidad el sueño colectivo de los inmigrantes. Los invitamos a escuchar el resto de la serie.

Dalia Espinosa: Visítenos en nuestro canal de SoundCloud: ElNuevoSol o en nuestra página web: elnuevosol.net

Sandra Banuelos: Si quiere saber más de los dreamers, viste la página web del Centro Laboral de UCLA: labor.ucla.edu

Janette Contreras: Esta fue una producción de El Nuevo Sol, el proyecto multimedia en español de la Universidad del Estado de California en Northridge. Producción y edición: Dalia Espinosa, Janette Contreras, y Sandra Banuelos. Composición y producción musical de Alex Bendaña.

Dalia Espinosa: Soy Dalia Espinosa

Sandra Banuelos: Y Sandra Banuelos. Gracias por escucharnos.

Janette Contreras: Y yo Janette Contreras. Hasta la próxima.

 


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Christopher Farías.

 

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Radio Nepantla: la historia de migrante menor de edad que persigue sus sueños de estudiar http://elnuevosol.net/2017/05/jose/ Mon, 29 May 2017 15:35:38 +0000 http://elnuevosol.net/?p=28560

Este episodio de la serie Dreamers: Redefinir el Sueño Americano cuenta la historia de un joven indocumentado que vino a los Estados Unidos a la edad de 16 años para obtener un mejor futuro. Lo que nunca se imaginó fueron los grandes obstáculos que iba a enfrentar al intentar obtener el futuro que siempre soñó.

Por LUZITA PINEDA, MÓNICA PALOMAR y JOCELYN ROMÁN
RADIO NEPANTLA

Luzita Pineda: ​Bienvenidos a Radio Nepantla, un podcast de ​El Nuevo Sol​, el sitio multimedia del programa de periodismo en español de la Universidad Estatal de California en Northridge. Soy Luzita Pineda.

Mónica Palomar: Yo soy Mónica Palomar. El nombre de nuestro podcast nació́ de la palabra ​Nepantla​, que viene del idioma náhuatl y significa “estar en medio”. Los indígenas de México usaban esta palabra para hablar de estar entre una cultura dominante y su cultura de origen. El movimiento chicano hizo de este espacio uno de resistencia cultural que trasciende dos culturas y muchas fronteras.

Jocelyn Román: Y yo soy Jocelyn Román. Usaremos este concepto de “estar en medio” para hablar de millones de niños y jóvenes que han emigrado a los Estados Unidos en busca de un nuevo futuro. Muchos de estos jóvenes indocumentados se han graduado o siguen estudiando en las universidades del país y otros han sido deportados.

Luzita Pineda: Miles de jóvenes menores de edad vienen a los Estados Unidos no acompañados por un familiar. En el 2016 aproximadamente 60 mil jóvenes menores de edad cruzaron la frontera, La abogada de Inmigración Rebecca Medina dice que muchos vienen huyendo de problemas o situaciones peligrosas en sus países.

Rebecca Medina: Hay muchas personas como por ejemplo indígenas en sus países que sufren de discriminaciones en sus países, que hablan un idioma diferente que practican una religión diferente especialmente en Centroamérica cuando vimos el incremento de los jóvenes viniendo en el 2013 y el 2014 porque venía huyendo lo que es la violencia en sus países. El Salvador, Guatemala y Honduras son unos de los más peligrosos en Centroamérica ahorita. So, hay mucho pandillero hay mucha mara como les llaman allá, hay mucha extorsión, hay mucho tráfico de drogas.

Mónica Palomar: ​ Para darle un rostro humano a la situación de estos jóvenes, vamos a contar algunas de sus historias.

Jocelyn Román: ​Este podcast es parte de una colaboración de ​El Nuevo Sol​, el Centro de Recursos DREAM​ del Centro Laboral de ​UCLA​ y el show de Omar y Argelia.

Luzita Pineda: ​ Hemos titulado esta serie: Dreamers: Redefinir el Sueño Americano. Este episodio cuenta la historia de un joven indocumentado que vino a los Estados Unidos a la edad de 16 años para obtener un mejor futuro. Lo que nunca se imaginó fueron los grandes obstáculos que iba a enfrentar al intentar obtener el futuro que siempre soñó.

José: Oh Nunca imaginé eso en mi vida, yo pensé que me iba tardar como 20, 25 días, pero al contrario me llevó más tiempo. Yo me arrepentí cuando estaba en el camino, pero ni modos ya estaba ahí, tenía que continuar.

Mónica Palomar: José es el menor de 6 hijos. Su vida en Guatemala, era muy fácil, porque cada vez que necesitaba algo, sus papás siempre se lo conseguían. Aunque su vida en Guatemala no fue difícil, él pensó que iba a hacer fácil llegar a los Estados Unidos y crear un futuro mejor al que tenía en Guatemala.

José: Bueno, simplemente pensé que bueno es fácil pero la realidad no es así. Si cuando comencé a viajar, pues sí, ahí vi todo que no es fácil y bueno fue horrible para mí porque nunca imaginé eso en mi vida, que iba pasar muchas cosas en la vida que no debemos pasar.

Mónica Palomar: Aunque su madre no estuvo de acuerdo en que José se fuera a los Estados Unidos, ella aun así lo ayudó a obtener el dinero para poder pagarle al coyote y cruzar la frontera.

José: Cuando le dije a mi mamá, ella bueno se enojó conmigo porque ella no sabía eso, y después de eso ella me ayudó para buscar el coyote.

Jocelyn Román: Su viaje fue de aproximadamente un año. Cruzó la frontera mexicana con la ayuda del coyote, y en compañía de otras 5 personas quienes eran sus amigos; uno de ellos era su vecino y los otros tres eran hondureños quienes trabajan en la capital de Guatemala. Su recorrido por México duró aproximadamente 3 meses, tratando de cruzar todo el país por carro, por autobús, caminando y en el famoso tren de la muerte llamado, la bestia.

José: Bueno cuando salí de Guatemala, vine con mis amigos en México. También venimos juntos. En México tardamos como seis meses porque tenemos que esperar el tren y todo eso, nos tardamos como tres meses. Entonces cuando llegamos aquí en los Estados Unidos y ahí tenemos que cruzar el desierto, y cuando los cruzamos y ahí nos encontró inmigraciones. Entonces, ellos no quisieron agarra, pero nosotros nos escapamos y por eso cada quien por su lado, y ahí me quedé yo solo. Ahí estuve como tres días solito en el desierto.

Luzita Pineda: Cuando llegan a el desierto, con destino a Los Ángeles — los 5 amigos se separan tratando de evadir inmigración, y cada quien sigue por su propio camino.

José: Sí me agarró migración, pero estuve tres días en el desierto porque yo ya no aguantaba. Entonces, tengo que irme con ellos. Y tomé la decisión irme con ellos y fue y ahí estuve con ellos y me agarraron. Entonces, como era menor de edad yo pensé que me iba a mandar y todo eso, pero no me mandaron porque era menor de edad todavía. Y me dijeron que tengo que estar aquí si mi hermano me quiere ayudar. Entonces, por eso hablé con mi hermano y me dijo que sí y por eso estuve ocho meses con inmigración y después me mandaron aquí para estudiar.

Luzita Pineda: Al momento en que le preguntamos cómo fue su experiencia durante esos días, no quiso contestar.

José: Bueno, eso honestamente no…eso honestamente no.

Mónica Palomar: Sin ningún recurso de sobrevivencia, decidió entregarse a las autoridades migratorias, usando información falsa. Nunca pensó que esa decisión le iba a afectar al momento de que inmigración dictara lo que iba a pasar con su futuro estado migratorio.

José: Cuando me dijeron que si tú eres menor de edad hay oportunidades para ti y todo, me dijeron, para estar en los Estados Unidos. Y yo cambié mi nombre. Entonces, yo cuando le dije la realidad que no era mi nombre, entonces ellos me dieron más días, más meses pues, con ellos.

Jocelyn Román: Por ser menor de edad, José obtuvo un poco de ayuda de inmigración con la única condición de que su hermano mayor: quien ya estaba aquí en Los Estados Unidos, obtuviera custodia absoluta de él. En consecuencia del haber usado información falsa, José estuvo bajo el cuidado de inmigración por 8 meses, y después se le fue asignada una escuela preparatoria para que tuviera la oportunidad de obtener una educación y de poder aprender el idioma inglés.

José: Y por eso inmigración me dijeron que podía venir aquí a los Estados Unidos y ellos me mandaron aquí nada más para estudiar.

Luzita Pineda: Al momento de preguntarle de cómo fue su vida una vez llegando a los Estados Unidos, nuevamente negó compartir ciertas experiencias por motivos personales. En este momento, José está a punto de graduarse de la escuela preparatoria Belmont. Fue difícil para José estar en una escuela donde el método de educación era distinto al del Guatemala, y donde no podía entender el idioma. También, mientras iba la escuela, como muchos de nosotros trabajaba en un restaurante y se le hacía muy difícil balancear todo.

José: Ya no esto estoy trabajando como ahorita, antes si trabajaba más. Yo entraba a las cinco. Salía hasta dos de la mañana. Llegaba a la casa a las tres. Me tardaba media hora para sus cosas. A las tres y media me dormía y me levantaba a las seis para ir a la escuela.

Luzita Pineda: Ahora que ha visto todos sus logros, no puede creer que ha llegado tan lejos, en tan poco tiempo.

José: Eso honestamente nunca imaginé eso en mi vida, simplemente me vine nada más. Nunca imaginé que yo iba estar aquí a estudiar y graduarme. ¿Me entiende?, que no tenía esa mentalidad.

Mónica Palomar: La meta de José, después de graduarse de la preparatoria es de asistir al colegio comunitario de Los Ángeles para poder prepararse un poco más, y después piensa en transferirse a la universidad de california de Los Ángeles, UCLA, y poder estudiar leyes de inmigración. Decidió elegir la carrera de leyes, porque quiere ayudar a las personas que se encuentran en la misma situación que él.

José: Sí, fui con un abogado, ya no me acuerdo cómo, pero hace como dos años estoy hablando. Ya se me olvido dónde está. Pero sí fui porque me encanta. Por eso fui y de dijo que sí, y sí me gustó cómo lo hacen, bueno cómo trabajan pues.

Jocelyn Román: Cuando le preguntamos cómo fue de que escuchó sobre Casa Libre, no nos quiso decir, lo único que compartió con nosotras fue de que quedarse en casa libre, fue de mucha ayuda para él, porque ahí fue donde encontró el apoyo que él necesitaba para poder salir adelante, después de que su hermano había regresado a Guatemala. Casa Libre es una casa hogar que ofrece diferentes servicios a los menores de edad que no tienen un hogar.

José: Casa Libre es muy importante para mí porque ellos siempre te ayudan en cualquier situación que estás, ellos te apoyan en cualquier situación que estás. Y para mí es muy importante.

Luzita Pineda: El director de Casa Libre, Federico Bustamante dice que José está poniendo los estudiantes indocumentados en alto por todos sus triunfos que esta y seguirá logrando.

Federico Bustamante: José es una persona bastante increíble. No solamente porque lo que él ha acontecido en su propia vida, sino lo que el simboliza para Casa Libre y para los estudiantes de casa libre y la comunidad inmigrante en la que vivimos. Él ha sido un joven que verdaderamente se ha dedicado a seguir su educación y que a pesar del poco valor que se le da a la educación en nuestras comunidades especialmente en los hogares como José. Sin embargo, él ha seguido adelante y entonces él de verdad sirve como ese ejemplo para nuestros estudiantes de que si se puede porqué él se va a graduar ya los veinte-pico de años. Entonces muchos de los estudiantes que no creen que se puede lo pueden usar como ejemplo, pero más que nada, el público general se puede dar cuenta que estos son de los más trabajadores y estudiosos estudiantes que podemos encontrar, y que José en verdad lo está comprobando graduándose ya a los veinte dos años.

Luzita Pineda: Ahora, después de cuatro años que José ha estado en la escuela, no tiene miedo de su estado migratorio, sino que se encuentra positivo para poder lograr sus metas. José es un mentor que ayuda a los estudiantes que acaban de venir a los Estados Unidos a no darse por vencidos y seguir con sus estudios. Él está orgulloso de todos sus logros, y sabe que es importante compartir su historia, para poder abrirle los ojos a las personas que no entienden la situación de los estudiantes indocumentados.

La historia de José, es una de las miles historias de cualquier joven indocumentado que vienen a los Estados Unidos en busca de una mejor vida. Desafortunadamente, muchas veces estos chicos y chicas no saben cómo obtener ayuda legal o tienen miedo.

Sonia Nazario es Autora del libro La travesía de Enrique y quien arriesgo su propia vida subiendo La Bestia y recorrió el mismo camino que estos jóvenes cruzan para poder contar la historia de un muchacho como José. En una entrevista con Univisión, Ella dice que idealmente todos los jóvenes indocumentados deben de tener representación legal cuando van a la corte.

Sonia Nazario: Hay muchas cosas que pueden hacer. Yo creo que estos niños cuando lleguen aquí, para principio no, les ordenan que vayan a la corte para ver si se pueden quedar o no y no se le otorga un abogado. Y yo creo que a veces son niños de cinco, siete, diez años y tienen que hacer un caso legal muy complicado delante de un juez. El gobierno sí tiene un abogado, demandando que te deporten y yo creo que en este país tan rico un chico que es tan vulnerable no deberíamos pedirle que vaya a la corte sin un abogado.

Mónica Palomar: En este momento se encuentran muchos recursos que puede servir de ayuda para estos estudiantes.

Rebecca Medina: So sabemos que es un tiempo muy difícil y hay mucho miedo entre no nomas en los menores que no son acompañados pero también de sus padres, por ejemplo, pero la mayor cosa que quiero que entienda es que tienen derechos humanos y lo que eso se significa es que no nomás los pueden sacar automáticamente del país, sino lo que tiene que darles una oportunidad de que hablar por lo  menos con un juez de que tipos de beneficios posiblemente ellos puedan calificar para poder quedarse adentro del país. Pero una de las cosas importantes también de saber es que de que, si están indocumentados, siendo menores o adultos es muy importante solicitar un abogado de inmigración para asesorarse bien, porque muchas personas que viven día a día y no saben que posiblemente califiquen para un beneficio de inmigración y se viene sorprendiendo que hace mucho tiempo hubieran podido aplicar para algo, so es muy importante tener ese tipo de educación.

Luzita Pineda: Federico manda un mensaje de educación a aquellas personas que quizás no entiendan porque es que vienen los jóvenes indocumentados a los Estados Unidos.

Federico Bustamante: Cuando la gente no entiende algo, ya sea el público en general que no entiendo porque vienen nuestros estudiantes o sea nuestros mismos estudiantes que no entienden algo. La respuesta es siempre la misma: edúquense, lean, pregunten, ¿verdad? No se dejen llevar simplemente por las redes sociales o los medios que muchas veces son, no son de mucha confianza. Entonces, la educación verdaderamente es lo que va a cambiar las cosas y lo que le va a dar las respuestas a la gente las respuestas que necesitan para ser su propia opinión correcta.

Mónica Palomar: Si necesitan información sobre cómo recibir servicios legales pueden visitar la oficina de Rebecca Medina llamada Su voz es legal en Bellflower o también pueden visitar la casa hogar llamada La Casa Libre situada en Los Ángeles.

Jocelyn Román: ​Muchas gracias por escuchar a Radio Nepantla: La Voz que Traspasa Fronteras. Los invitamos a escuchar el resto de la serie “​Dreamers​: Redefinir el Sueño Americano” … Ahí́ contamos las historias de los jóvenes que están luchando para hacer realidad el sueño colectivo de los inmigrantes.

Luzita Pineda: Visítenos en nuestro canal de SoundCloud: ElNuevoSol o en nuestra página web: ​elnuevosol.net

Si quiere saber más de los dreamers, viste la página web del Centro Laboral de UCLA: ​labor.ucla.edu

Mónica Palomar: Esta fue una producción de El Nuevo Sol, el proyecto multimedia en español de la Universidad del Estado de California en Northridge. Producción y edición: Mónica Palomar, Jocelyn Román y Luzita Pineda. Composición y producción musical de Alex Bendaña.

Somos Mónica Palomar,

Jocelyn Román: Jocelyn Román

Luzita Pineda: y Luzita Pineda. Gracias por escucharnos. Hasta la próxima.


Si desea escuchar otros episodios con transcripción, vaya a Radio Nepantla
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Reportes que traspasan fronteras http://elnuevosol.net/2017/05/reportes-que-traspasan-fronteras/ Wed, 24 May 2017 22:46:03 +0000 http://elnuevosol.net/?p=28556

Carta de los editores:

Desde 2004, varios reporteros han escrito sobre estudiantes indocumentados en la Universidad del Estado de California en Northridge (CSUN), y acerca del trabajo, éxito y luchas que han enfrentado en sus vidas. Estos artículos cuentan sus historias, desde los primeros años después de la ley AB 540 hasta lo más reciente, con las implementaciones de California Dream Act y DACA. Muchos de los perfiles de estudiantes cuentan el trabajo de activismo que hicieron y cómo han dejado su huella en el movimiento pro inmigrante. Decidimos hablar de estas historias ahora porque creemos que los estudiantes indocumentados han sido representados unidimensionalmente en la gran prensa de la nación. Por medio de estas historias, esperamos que puedas identificarte con las historias humanas de estos jóvenes que viven circunstancias extraordinarias.

Gracias,

El Nuevo Sol

Favor de pulsar la imagen para acceder a la publicación en formato PDF:

 

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Radio Nepantla: la historia de un activista por los derechos de inmigrantes y jóvenes LGBT http://elnuevosol.net/2017/05/diego-sepulveda/ Wed, 24 May 2017 18:00:50 +0000 http://elnuevosol.net/?p=28490

Este episodio de la serie Dreamers: Redefinir el Sueño Americano cuenta la historia de Diego Sepúlveda, un inmigrante indocumentado que ha usado el activismo para llamar atención a las preocupaciones y necesidades de la comunidad indocumentada y LGBT.

Por NATALIE JIMÉNEZ, ÁMBER PARTIDA y SHARON CARRILLO
RADIO NEPANTLA

Natalie Jiménez: Bienvenidos a Radio Nepantla, un podcast de El Nuevo Sol, el sitio multimedia del programa de periodismo en español de la Universidad del Estado de California en Northridge. Soy Natalie Jiménez y junto a Sharon Carrillo y Ámber Partida contaremos la historia de un inmigrante indocumentado y LGBT.

Sharon Carrillo: El nombre de nuestro podcast nació́ de la palabra Nepantla, que viene del idioma náhuatl y significa “estar en medio”. Los indígenas de México usaban esta palabra para hablar de estar entre una cultura dominante y su cultura de origen. El movimiento chicano hizo de este espacio uno de resistencia cultural que trasciende dos culturas y muchas fronteras.

Ámber Partida: Usaremos este concepto de “estar en medio” para hablar de millones de niños y jóvenes que han migrado a Estados Unidos en busca de un nuevo futuro. Muchos de estos jóvenes indocumentados se han graduado o siguen estudiando en las universidades del país y otros han sido deportados.

Natalie Jiménez: El programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, conocido como DACA, ha ayudado a casi ochocientos mil de estos jóvenes, dándoles un estado de protección temporal. Sin embargo, por cada joven que recibe DACA, hay tres que NO califican.

Sharon Carrillo: Para darle un rostro humano a la situación de estos jóvenes, vamos a contar algunas de sus historias. Este podcast es parte de una colaboración de El Nuevo Sol, el Centro de Recursos DREAM del Centro Laboral de UCLA y el show de Omar y Argelia.

Ámber Partida: Hemos titulado esta serie: Dreamers: Redefinir el Sueño Americano. Este episodio cuenta la historia de un inmigrante indocumentado que ha usado el activismo para llamar atención a las preocupaciones y necesidades de la comunidad indocumentada y LGBT.

Sharon Carrillo: Diego emigró de su país natal, México, junto a su mamá y hermano mayor cuando cumplió cuatro años en agosto del mil novecientos noventa y uno. Al estar tan joven, Diego nos contó que tiene poca memoria de cómo llegó a Estados Unidos. Lo que sí recuerda es que su mamá le compro unos nuevos zapatos y al cruzar perdió uno. Mirando atrás, Diego siente que ese zapato perdido es símbolo de lo que él no puede hacer en este país, como tener un seguro social o un estatus migratoria estable. Además de eso, nos contó cómo llegó a donde hoy considera su hogar.

Diego Sepúlveda: Me recuerdo es que estaba atrás en un taxi hecho una bola y después desperté en Huntington Park. Y ahí es donde nos hemos quedado por toda la vida…Pero eso es todo lo que yo me acuerdo. Todas mis experiencias, todas mis memorias, todo de lo que yo he oído por mi vida han pasado aquí en los Estados Unidos.

Sharon Carrillo: Como a cualquier otro inmigrante, a Diego le costó adaptarse a un país nuevo y a un idioma que nunca había usado. Al no saber inglés, se le hizo difícil estar en la escuela, tanto que su maestro del cuarto grado le dijo que corría la posibilidad de no pasar el año. Después de ir a la escuela de verano, Diego aprendió a dominar el inglés y pudo pasar al quinto grado. Aunque le sirvió aprender el idioma, él siguió recibiendo bajas calificaciones.

Natalie Jiménez: En el segundo año de la prepa, uno de sus maestros habló con él y le dijo que él era más que su estatus migratorio. Al escuchar esto, Diego se inspiró y decidió dedicarse más a la escuela. Además de eso, empezó a trabajar para juntar dinero para sus gastos personales y para su educación. Al terminar la prepa, Diego asistió a la escuela comunitaria del este de Los Ángeles.

Diego Sepúlveda: Yo pagué por todas mis clases, estaba pagando por mi transportación, estaba cuidando a mi hermana… porque yo estaba tratando de sobrevivir como persona indocumentada y estudiante. En el colegio comunitario no tenían los grupos en la escuela que eran para personas que identificaba como indocumentadas. Yo siempre estaba trabajando duro para tener grados buenos para transferirme a la universidad, pero ya en ese tiempo no tenían los recursos.

Ámber Partida: Después de tres años en el colegio comunitario, Diego decidió aplicar para escuelas universitarias de California.

Diego Sepúlveda: Yo apliqué a UC Irvine, a UC Riverside, a UCLA, y a UC San Diego en me aceptaron a todas, pero yo me dije, “No, yo quiero ir a UCLA, ahí es donde puse mi enfoque’. A veces creo que el destino me empujo y me puso en mi cabeza UCLA.

Natalie Jiménez: Afortunadamente para él, fue aceptado a UCLA en el 2009. Pero en vez de felicitarlo, su mamá le preguntó que cómo iba a pagar su matrícula. Diego cuenta que se sintió muy decepcionado al escuchar esta reacción porque había trabajado tan duro para llegar a ese momento.

Sharon Carrillo: Pero gracias al apoyo financiero de UCLA y su comunidad, pudo agarrar dinero para asistir a la escuela. Ya estando en UCLA, Diego encontró su pasión para el activismo. En el 2009, se encontró con una organización llamada IDEAS, en donde un grupo de jóvenes indocumentados se dedican a defender los derechos de los estudiantes. Al escuchar eso, Diego quiso involucrarse para dejar atrás la pena que sentía diciendo que era indocumentado como lo hacía en la prepa.

Diego Sepúlveda: Yo no tenía la comunidad de un indocumentadas, so de escuchar de un grupo de estudiantes que eran indocumentados y estaban luchando para el derecho del acceso a la escuela y todo eso, I’m like yo necesito estar ahí.

Ámber Partida: Al hacerse parte de esta organización y ver que podía ayudar a otros estudiantes, Diego decidió correr para un lugar en la mesa directiva. Después de ganar, duró tres años en su puesto.

Diego Sepúlveda: En ese momento, como en el 2010, UCLA, era la única universidad de las escuelas de la University de California que no tenía un plan para los estudiantes que estaban en la universidad podrían pagar por ese semestre como en tres pagos.

Natalie Jiménez: De acuerdo a las admisiones de las universidades de California, el costo promedio por el año escolar, que incluye la matrícula y cuotas, es más de veinticinco mil dólares.

Diego Sepúlveda: Y nosotros, como personas indocumentadas, peleamos y nosotros dijimos: “nosotros no tenemos todo ese dinero, 3 mil dólares para cada diez semanas para ser estudiantes? ¡No tenemos eso!

Sharon Carrillo: Diego fue uno de los varios estudiantes que tuvo problemas financieros durante su tiempo en la universidad. Vivía en Huntington Park, le duraba dos horas para llegar a UCLA y dos horas para regresar a su casa. Tenía que dejar su trabajo porque no tenía tiempo de trabajar y a la misma vez enfocarse es sus estudios.

Diego Sepúlveda: Todo eso me dejó sin dinero, apliqué a becas, tutoría, y para los maestros de UCLA y también los que estaban visitando UCLA, yo era su tutor en inglés y todo eso. Yo hice todo lo que yo tenía que hacer para poder pagar por la escuela. A veces no era suficiente, no tenía donde quedarme, me quedaba en las librerías, me quedé en diferentes edificios de la universidad o con mis amigos también. No tenía suficiente dinero para comer, No tenía suficiente dinero para, no sé si ya lo dije, pero no tenía para comprar comida, para muchas cosas. Era un sacrificio que yo estaba haciendo.

Sharon Carrillo: Según el informe del Centro de Investigación de Estudios Chicanos de UCLA en el 2014, los latinos eran el grupo minoritario más bajo para lograr una educación superior a cualquier otro grupo racial o étnico mayor en el estado.

Diego Sepúlveda: Y que tristeza que una persona que creció aquí en los Estados Unidos, que solo quiere ser estudiante, tiene que hacer esos sacrificios, solo para obtener una educación.

Natalie Jiménez: Al reconocer este problema entre los estudiantes, Diego y sus compañeros trabajaron para crear el BRUIN Payment Plan, en el cual los estudiantes pudieran pagar su matrícula de una forma más accesible.

Ámber Partida: A pesar de este nuevo plan, en su último semestre de UCLA, Diego se encontró sin suficiente dinero para pagar su matrícula. Le contó a su mamá, quien es una gran inspiración y apoyo en su vida, que tenía problemas financieros.

Diego Sepúlveda: Cuando fui con ella y yo le dije ya no tengo los 4,700, ella me los dio en ese momento y empecé a llorar porque yo pensaba que no iba tener dinero, que no iba poder terminar UCLA, que iba tener un break de la escuela, pero, ella me dio ese dinero porque ella miró los sacrificios que yo estaba haciendo no sólo para ser estudiante pero para pelear por la comunidad y asegurarnos que nuestras comunidades tengan el espacio en este país para ser humanos, y decir que nuestra comunidad necesita recursos, que nuestra comunidad necesita acceso para la educación y que nuestra comunidad necesita justicia.

Sharon Carrillo: Según el Instituto Williams en UCLA, hay un estimado de veintisiete mil inmigrantes LGBT en los Estados Unidos.

Diego Sepúlveda: En 2009 fue cuando cambió mi vida. Yo salí como alguien que se identificaba como indocumentado, pero también como gay, y así empecé a explorar mi identidad como inmigrante, como persona LGBT, y ahí es con mi pasión salió para pelear no solo para las comunidades inmigrantes, pero también para las personas que son LGBT.

Sharon Carrillo: Al salir como gay, a la edad de 18 o 19, Diego se encontró con una nueva batalla. Las personas de su iglesia, que fueron parte de su vida por tanto tiempo, lo empezaron a rechazar.

Diego Sepúlveda: Las personas que me llamaban como tres o cuatro veces a la semana me pararon de llamar, y esa comunidad que yo tenía, se desapareció.

Ámber Partida: Diego cuenta que esto fue una sorpresa para él porque era muy involucrado en los eventos que tenía su iglesia.  

Diego Sepúlveda: Fui unos de los líderes de jóvenes, estaba en la banda de jóvenes en la iglesia y fui a los encuentros y los reencuentros. Lo que yo digo es, yo creo en Dios y tengo una conexión con Dios. Y siento que mi fe siempre está con Dios. Uhm, soy una persona bien religiosa.

Ámber Partida: Aunque perdió el apoyo de la iglesia, nunca perdió el apoyo y amor de su mamá.

Diego Sepúlveda: Ya, mi ma solo me aceptó y esa fue la historia. Nunca he entendido por qué, y que mi ma nunca me juzgó, pero mi ma ha sido siempre esa persona en mi vida. Me ha amado sin condiciones y por eso me dio la confianza de decirle que yo era gay. Y después cuando le dije, en ese momento me enseñó otra vez que mi ma siempre va a estar ahí, y que ella siempre me va a amar, con mis perfecciones, como dije, y mis imperfecciones.

Natalie Jiménez: Diego dice que debido a sus experiencias como indocumentado y como persona gay ha aprendido mucho. Para él, la abogacía es importante, pero no sola la abogacía que se lleva en las calles, pero la abogacía de que uno se ame a sí mismo sin importancia de lo que dice el mundo. Al decir esto, él sabe que no todos los que se identifican como LGBT tienen la misma experiencia y quiere ayudarlos en cualquier forma posible.

Diego Sepúlveda: Muchos de ellos son rechazados y esos jóvenes que son LGBT llegan en las calles, llegan a las drogas, llegan a muchos hábitos malos. Pero no es su culpa, no es porque quieren estar en eso, es porque no tienen el apoyo de la comunidad y de su familia. Y yo siempre también, you know I’m like, si yo hubiera crecido en una familia que no me hubiera aceptado por ser LGBT y mi ma me hubiera dicho te tienes que salir de esta casa, and I’m like yo no sé cómo yo hubiera podido seguir con mi escuela, trabajando, pagando renta, son muchas cosas que a la edad como 17 – 18, a muchas personas hasta más jóvenes que les dicen a sus papás que son LGBT.

Sharon Carrillo: Diego cree que todos debemos vernos como iguales. Y respetarnos mutuamente.

Diego Sepúlveda: [No hay] nada mal en ser indocumentado, no es nada mal en ser mujer, no hay nada mal en ser LGBT, no hay nada mal. Aunque nosotros al final del día, si nos quitamos la ropa, si nos quitamos la educación, si nos quitamos todo, nosotros nos miramos iguales. Somos seres humanos y eso y eso es ahora la cosa más importante que nos tenemos que enfocar, más importante que nada. Nosotros sangramos igual. Nada es diferente de nosotros. Solo lo que la sociedad nos ha enseñado.

Sharon Carrillo: La Campaña de Derechos Humanos dice que el problema más difícil de los latinos LGBT es que su familia acepte su identidad.

Ámber Partida: Diego dice que por reconocer estas fuertes realidades y vivir sus propias experiencias lo llevaron a trabajar al UCLA Labor Center en el 2015. Esta organización se ha dedicado a defender los derechos de los jóvenes indocumentados. Ellos creen que los jóvenes merecen el derecho a aprender, estar saludable y perseguir sus sueños sin ser detenidos por su estado migratorio.

Natalie Jiménez: Debido a la nueva presidencia, que ha reforzado leyes de inmigración más estrictas y ha aumentado el miedo de ser deportado, Diego dice que hay que ver más allá del tema de deportación. No solo es parar las deportaciones, pero de entender que muchas personas corren un riesgo al volver a su país.

Diego Sepúlveda:  Hay muchas personas, en El Salvador, Honduras y otros países que, por solo ser gay, uhm, es contra la ley. Y muchas personas han muerto por eso. So cuando yo hablo de personas que son indocumentadas y son LGBT, yo pienso si yo tengo amigos de donde no aceptan personas que son LGBT y si son indocumentados y los deportan ¿que les van a pasar a esas personas?

Sharon Carrillo: Diego también cuenta que el UCLA Labor Center, como muchas otras organizaciones, ha tenido que enfocarse más en asegurar la privacidad y seguridad de los estudiantes indocumentados.

Diego Sepúlveda: Si, hay mucho miedo en la comunidad. Pero nosotros también hemos aprendido que nuestras historias son importantes y que todo el privilegio que nosotros tenemos, lo tenemos que usar, para, uhm, ser esa voz para personas que todavía están en las sombras, y que nunca tienen la oportunidad de contar su historia. Y es importante que todos unifiquemos y que luchemos juntos y que nosotros tengamos poder en este momento.

Natalie Jiménez: Diego después comentó que importante es que la comunidad viva sin miedo y que luchen por sus derechos.

Diego Sepúlveda: Todo lo que hago es para la comunidad y para todas las personas que están en mi vida y lo que sigue para mí es que voy a seguir luchando por ellos y por ellas. Luchando por la dignidad, por la oportunidad de vivir nuestras vidas sin miedo, con felicidad. Y que es un compromiso que yo hecho en mi vida, no solo para mis padres, para los jóvenes que nosotros trabajamos, pero también para la comunidad, porque yo entiendo que adonde yo vaya de aquí, la comunidad va ir conmigo. Y que la comunidad es mi fundación y yo voy a seguir luchando.

Ámber Partida: Diego fue el primer miembro de su familia en graduarse de la universidad y ahora será el primero en conseguir su maestría en negocios.

Natalie Jiménez: Este próximo verano, Diego estará trabajando con el compañerismo Dream Summer que el Centro Laboral de UCLA ha facilitado desde el 2007. Es un programa de becas que brinda oportunidades a los jóvenes inmigrantes y los apoya a través de organizaciones de justicia social.

Ámber Partida: Ahora espera ser un director ejecutivo de una organización en los próximos cinco años y asegurar que siempre esté feliz con su vida.

Sharon Carrillo: Muchas gracias por escuchar a Radio Nepantla: La Voz que Traspasa Fronteras. Los invitamos a escuchar el resto de la serie Dreamers: Redefinir el Sueño Americano, en donde contamos las historias de los jóvenes que están luchando para hacer realidad el sueño de los inmigrantes.

Ámber Partida: Visítenos en nuestro canal de SoundCloud: ElNuevoSol o en nuestra página web: elnuevosol.net

Sharon Carrillo: Si quiere saber más de los dreamers, viste la página web del Centro Laboral de UCLA: labor.ucla.edu

Natalie Jiménez: Esta fue una producción de El Nuevo Sol, el proyecto multimedia en español de la Universidad del Estado de California en Northridge. Producción y edición: Ámber Partida, Sharon Carrillo, y Natalie Jiménez. Composición y producción musical de Alex Bendaña. Soy Natalie Jiménez…

Sharon Carrillo: Yo, Sharon Carrillo…

Ámber Partida: Y yo, Ámber Partida. ¡Hasta la próxima!


Si desea escuchar otros episodios con transcripción, vaya a Radio Nepantla
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La separación familiar pesa en familias inmigrantes http://elnuevosol.net/2017/05/la-separacion-familiar-pesa-en-familias-inmigrantes/ Fri, 19 May 2017 16:00:05 +0000 http://elnuevosol.net/?p=28519 Por ALMA GONZÁLEZ
EL NUEVO SOL

El sacrificio que muchos inmigrantes hacen al llegar a los estados unidos es primordialmente estar separados de sus seres queridos. César e Isela son unos de los miles de personas indocumentadas que se separan de sus famiias. El sacrificio que muchos de estos inmigrantes hacen al venir a este país extrajero es poder tener la oportunidad de ayudar a sus familias economicamente a pesar de tener que resignarse a no poder verlos. La vida no ha sido fácil para César desde que dejo a su país natal, Mexico, ya que ha estado separado de las personas más importantes para él, en especial su mamá. Isela Lopez tiene más de 5 años en este país y no hay día que no extrañe a su mamá y a sus hermanos.

La separación de familias inmigrantes from El Nuevo Sol on Vimeo.

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