La ausencia de mi padre

“¿En dónde está papá?, lo quiero ver”. Su respuesta llenó mi cabeza de nubes negras.“Él se fue y ya no vivirá con nosotros. Despídanse de la casita azul que vamos en camino a una nueva”.

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Natali Castillo, de seis años de edad, acompañada por su papá y su hermano mayor. Foto: Natali Castillo/El Nuevo Sol

Por NATALI CASTILLO
EL NUEVO SOL

Postales

Diseño: Diego Lorey

Después de estar casi todo el día en la primaria, lo único que quería era salir corriendo para mi casa y llegar a encerrarme en mi cuarto para ver mis películas de Disney. Un día, llegando a casa, encontré una lámpara rota y una fotografía tirada en la cocina. Eso me pareció muy extraño y me preocupé.

De repente, escuché la voz de mi mamá:

“Recojan sus juguetes del jardín y suban al automóvil”, dijo.

Mi hermano se emocionó porque pensaba que íbamos a dar un paseo. Sin embargo, yo tenía un mal presentimiento. Al entrar al pequeño automóvil rojo, le pregunté a mi mamá:

“¿En dónde está papá?, lo quiero ver”. Su respuesta llenó mi cabeza de nubes negras.

“Él se fue y ya no vivirá con nosotros. Despídanse de la casita azul que vamos en camino a una nueva”.

Lágrimas empezaron a caer como balas sobre mi ropa al darme  cuenta  que esa mañana dejábamos atrás la casita azul, mi papá y mi cuarto. Esa fue la mañana en que vi por última vez a mi papá hasta después de cuatro años. Durante mi niñez, recuerdo que mi papá tenía problemas con las drogas y el alcohol. Dos sustancias que lo llevaron a vivir en la calle.

Cuando estaba sobrio, era una persona agradable, pero cuando estaba alcoholizado, era un ser totalmente diferente. A pesar de sus defectos, él seguía siendo el mejor papá del mundo y mi mejor amigo.

En el caso de mi papá, una depresión hizo que se refugiara en el alcoholismo.

Pero el amor hacia nosotros fue una de las razones para que él buscara ayuda profesional. Mi papá se internó en la clínica de Rehabilitación Unidos en Garden Grove. La rehabilitación de mi papá duró aproximadamente dos años e incluso después de su rehabilitación iba a reuniones de alcohólicos anónimos. Las personas que sufren de alcoholismo pueden buscar ayuda en centros de rehabilitación como en el que mi papá estuvo, logrando en él una recuperación plena.

Natali Castillo con su padre y hermano. Foto: Natalia Castillo/El Nuevo Sol

Natali Castillo con su padre y hermano mayor en 2014. Foto: Natalia Castillo/El Nuevo Sol

De acuerdo a un estudio realizado en 2012 por el Instituto Nacional Sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo, 17 millones de adultos en Estados Unidos tienen problemas relacionados con el consumo de alcohol. Ocho por ciento de esos adultos son latinos y solamente el siete por ciento ha buscado ayuda profesional.

Cada vez que veía a mi papá tomarse una botella de alcohol, mi mente se llenaba de ansiedad. Una botella se convertía en cuatro y después en doce. Algunos días estaba tan borracho que era peligroso estar con él. Nunca fue violento con nosotros pero no era un ambiente agradable para dos niños de primaria.

Durante muchas madrugadas, mi mamá, mi hermano y yo dormíamos en la carcacha roja esperando hasta que se quedara dormido. Cuando el tiempo lo permitía, mamá nos llevaba al cine para que no lo viéramos tomando. En aquel entonces, existía un cine cerca de mi casa donde las entradas costaban tan solo tres dólares. Es allí donde nació mi pasión por la cinematografía. El cine y las películas se convirtieron en el escape de la realidad que vivía.

Natali Castillo con su madre y padre. Foto: Natali Castillo/El Nuevo Sol

Natali Castillo, a los cuatro años de edad, acompañada de sus padres. Foto: Natali Castillo/El Nuevo Sol

El mismo estudio realizado por El Instituto Nacional Sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo dice que más del diez por ciento de niños en Estados Unidos viven con un padre que sufre de alcoholismo.

Durante la ausencia de mi padre, mi mamá hizo todo lo posible para que mi hermano y yo viviéramos una niñez bonita. Pero a pesar de su gran desempeño, esfuerzo y dedicación, como la gran madre que es, yo siempre extrañaba a mi viejito. Por las noches, mis almohadas se llenaban de lágrimas por pensar en mi papá. Nunca paré de preguntar por él. Vivía con la ilusión de que un día mi padre entraría por esa puerta para abrazarme otra vez.

Cuando mis compañeros de clases me preguntaban por él, les decía que estaba de viaje. La realidad era que él vivía en la calle como vagabundo, ya que por algún tiempo él no reconoció  que tenía un problema de alcoholismo. Mi mamá nunca tuvo el corazón para decirnos su situación hasta después de cuatro años, cuando él apareció en  nuestra casa convertido en un hombre totalmente nuevo.

Mi papá tardó algunos años en recuperarse, y lo logró.  A pesar que para mí la espera fue eterna, con el paso de los años comprendí que ha sido la espera más valiosa de mi vida ya que papá no solo había logrado dejar de beber sino que también regresaba con nosotros, su familia.

Hoy en día, con orgullo puedo decir que mi papá se ha mantenido sobrio por catorce años. Es mi ejemplo a seguir, y una inspiración de superación y esperanza para aquellos que se encuentran en una situación parecida a la de él. Ahora vivimos una vida extraordinaria. Tengo el privilegio de ser hija de dos seres maravillosos. No existen suficientes palabras para expresar mi agradecimiento y amor para ellos. Los domingos la pasamos  viendo películas juntos, como en los viejos tiempos.

Si usted o alguien que conoce sufre de problemas de alcoholismo, puede utilizar estos recursos:

Apoyo y Tratamiento- El Instituto Nacional sobre el abuso del Alcohol y el Alcoholismo

California Commission on Alcohol and Drug Abuse, Inc. – Programas para la comunidad latina

Centro de Tratamiento-Unidos


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Natali Castillo
Me llamo Natali Castillo, soy alegre y positiva y adicta al chocolate. Me fascina cubrir temas sobre la comunidad, salud y entretenimiento. Mis pasatiempos son el cine, cocinar y correr.




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