Mi 'imperfección' auditiva no detiene mi felicidad

Por JANELLE MARIE RODRÍGUEZ
EL NUEVO SOL

Foto: Janelle Marie Rodríguez / El Nuevo Sol

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Es cierto, nadie es perfecto.

Esto fue algo que me tomó mucho tiempo entender. Para mí, la palabra “perfecto” me definía en todos los aspectos de mi vida. Si tenía un proyecto por entregar, siempre era “perfecto”. Si era una audición de baile, también tenía que realizar todos los movimientos perfectos. Pero lo que me pasó a mí hace un año y medio no fue “perfecto”.

Mi mundo cambió en diciembre 2012.

“¡Janelle!”, gritó mi madre.

“¿Qué?”, le grité en contestación.

“Me tomó diez veces gritar tu nombre hasta que al fin me miraste”, dijo mi mamá.

Fue entonces que fui diagnosticada con pérdida de audición.

No, no, no esto no puede ser posible, pensaba yo.

¡Si yo soy perfecta!

Por la primera vez en mis veinte años de existencia, yo sentía que era un extraterrestre. Mi mamá pensó que mi doctora principal estaba bromeando, mi abuela se sorprendió y mi hermanito pequeño, claro, se rió.

Acudí al otorrinolaringólogo, el especialista en enfermedades del oído. En una oficina fría, con personas de todas las edades, su apariencia era normal de lejos, pero si observa los detalles, no eran perfectos, como yo. Todos tenían audífonos.

Todos, menos yo.

¿Cómo puede ser posible que un doctor no entienda lo que me esta pasando?

“Su caso es bien raro”, dijo el especialista.

Volví una y otra vez a los exámenes, con varias personas que identificaban lo que podía oír o no oír. Me dieron auriculares y tenía que levantar mi mano cada vez que oía un sonido. Después de diferentes niveles, llegué al punto en que no escuchaba nada. Sólo me imaginaba lo que estaban hablando y en un momento de pánico, pensé entre mi si era mejor mentir y levantar mi mano.

Sorda seré, pero mentirosa no.

Rabia sentía, pero a la misma vez pensé, mi caso puede ser peor.

Mi última oportunidad de averiguar lo que estaba mal conmigo fue al realizar una resonancia magnética. Había una posibilidad de tener un tumor cerebral y sólo de esta manera se podría averiguar.

Sentimientos encontrados eran aparentes en mi cara, porque si tenía algo en el cerebro, por lo menos existía un remedio. Sin embargo, ese no era el caso. Todo allá arriba estaba bien. Era tiempo de aceptar que desde ese momento en adelante habían ciertas cosas que no podría oír nunca más.

Me dio risa cuando encontraron una similitud entre mi caso de pérdida de audición con la de una persona de 80 años. La manera en la cual había perdido mi audición era normal, si fuera una persona de la tercera edad.

¿Tendría yo “Benjamín Button Disease”?

Según la Asociación de Pérdida Auditiva de América, alrededor del 20 por ciento de los adultos en los Estados Unidos relatan algún grado de pérdida auditiva. La pérdida gradual de la audición puede afectar a personas de todas las edades.

Esta misma indica que a pesar de parecer algo vergonzoso, no tiene por qué serlo. La página ofrece consejos para personas entre las edades de 18 a 35 años, y otras fuentes de información, dependiendo del caso.

Tendré que usar los audífonos al diario, como todos que se encontraban en esa sala de espera.

Miraba a un bebé de un año que ya había perdido su audición y tuve un momento de reflexión: he podido oír más cosas que lo que una casi recién nacida ha podido. Tengo que darle gracias a Dios.

Ahora vivo con algo permanente, sin arreglos.

No soy “perfecta” y todo estará bien.


Tags:  #PostalesU auriculares hearing disorder Janelle Marie Rodríguez perdida auditiva Postales Universitarias

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