La pesa: mi amiga incondicional

Sin darme cuenta, vivía en una constante autodestrucción, jugando con mi salud y autoestima. Vivía en un mundo falso, en donde la belleza superficial prevalece ante la natural y donde lamentablemente muchos estamos viviendo y siendo afectados directa e indirectamente.

Foto: Karla Henry/El Nuevo Sol

Foto: Karla Henry/El Nuevo Sol

Por NATHALY ALCALÁ
EL NUEVO SOL

Medía 1.75cm, pero pesaba 40kg.

La pesa: mi amiga incondicional.

Aquella con la que festejaba los retos cumplidos, aquella que día a día me fue consumiendo. Aquella que me daba felicidad y desdichas. Aquella que se convirtió en mi enemiga. Ella, mi barómetro de felicidad, la cual me sacaba una sonrisa en la cara cuando perdía peso, pero me sacaba lágrimas y me llenaba de amargura cuando ocurría lo contrario.

Un verano del 2009, empecé a vivir dentro de una nueva mujer. Una mujer llena de miedos, inseguridad, ansiedad, retos físicos, retos psicológicos. Sin embargo, seguía siendo la misma mujer que se quería “comer el mundo”, una mujer estudiosa y soñadora que anhelaba ser una nutricionista profesional en el futuro.

Una mujer que deseaba convertirse en la “mujer perfecta” siguiendo metas insalubres, metas irreales y destructivas para atraer las miradas de las agencias de modelaje y de los que la rodeaban. Una niña mujer, que por encontrarse tan lejos de casa se olvidó de amarse a sí misma, como su madre le enseñó desde muy pequeña y embarcó un viaje en un mundo irreal lleno de fantasías. Fantasías que podían llegar a matarla. Fantasías que podían afectar su salud, tanto física y psicológica.

La pesa no era mi única amiga. Nosotras también teníamos otros amigos inseparables, tales como el espejo, el gimnasio, las pastillas para bajar de peso, los laxantes, los “5 Hour Energy” y los “Red Bull”. Ellos me ayudarían a llegar a la meta, aquella que ni yo sabía cuál era.

Cada kilo perdido era una celebración y por ende, también la fuerza que me ayudaría a seguir y seguir bajando de peso, sin control, sin límites. De 67 pase a los 65 kg. Luego a los 60, 49, 48, 47… sentí que alcanzaba la “felicidad”. Pero aún no era lo que deseaba. Después 45, 44; seguía inconforme… 43, 42, no sabía a dónde quería llegar, sólo sabía que quería continuar.

Me sentía bien conmigo misma. Sentía que era una nutricionista profesional. Sin embargo, seguía infeliz, ya que el espejo seguía viendo a una mujer imperfecta, es decir, no lo suficientemente delgada, no lo suficientemente bella como para lograr atraer a quienes quería atraer.

La conformidad no existía en la nueva mujer en la que me había convertido, es por eso que ir siete días a la semana por tres horas diarias al gimnasio, no eran suficientes. Los halagos de las personas, era mi agua. Las felicitaciones de quienes me rodeaban, era mi comida. Las llamadas de las agencias de modelaje, eran mi aire.

Sin darme cuenta, vivía en una constante autodestrucción, jugando con mi salud y autoestima. Vivía en un mundo falso, en donde la belleza superficial prevalece ante la natural y donde lamentablemente muchos estamos viviendo y siendo afectados directa e indirectamente.

En el 2011 en un seminario titulado, “Soy hermosa, libré de preocupaciones relacionados con la comida y mi cuerpo”, especialistas señalaron que nueve de cada diez mujeres presentan desórdenes alimenticios en América Latina. México tiene más de un millón de casos con trastornos alimenticios como anorexia, bulimia o trastornos por atracón (comer sin control y en exceso en muy poco tiempo). Colombia, con más de 800.000 diagnósticos; Venezuela  y Argentina con medio millón de casos.

Se estima que el 20 por ciento de las personas que padecen de anorexia tendrán una muerte prematura debido a complicaciones del corazón, o incluso, suicidio, según un reporte de la Asociación Nacional de la Anorexia y Trastornos Asociados.

Quizás muchos de éstos casos son tratados, sin embargo, a veces es demasiado tarde para salvar a la persona de su propia auto destrucción.

Después de dos años viviendo en una prisión mental, conocí el amor verdadero. El amor sincero, el puro, el real, el amor fiel, el que no juzga. El hombre que me dio su mano y me llevó a caminar por el camino adecuado; un camino lleno de paz, amor propio y salud psicológica y física. Conocí el amor que da sin esperar nada a cambio. Aquel que te ama por quien eres, no por como eres. Aquel que convirtió a mi amiga, la pesa, en mi pasado, el cual hoy puedo contar.

Recursos:

Trastornos de la alimentación (NIMH)

 


Tags:  #PostalesU anorexia bulimia Nathaly Alcalá Postales Universitarias Salud mental trastornos alimenticios

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