Las clases empiezan en la cocina

Los padres de familia aprenden a mejorar sus hábitos alimentarios para el beneficio de sus hijos.

Por Rigoberto Villalobos
EL NUEVO SOL

Ana María Cruz asiste a unas clases muy particulares: está aprendiendo a cocinar, pero a cocinar comida saludable a bajo costo. “En realidad no sabía como leer los datos de nutrición en los envases de los alimentos” comenta esta ama de casa residente del Valle de San Fernando,  “Creí que sabía pero al escuchar a una de las profesoras me di cuenta de que estaba equivocada porque pensaba que los números que se ven en la barra eran el total de todo el envase. Pero con la ayuda de ellas [las profesoras] me di cuenta de que esos números solamente equivalen a una ración, más no a todo el envase”.

Ana María participa en los cursos de Buena Cocina y dice que las pláticas de profesionales en temas de salud y nutrición le “abrieron los ojos” y le dieron la oportunidad de aprender a cocinar usando más frutas y verduras de las que ella acostumbraba usar.

La Universidad Estatal de California en Northridge en colaboración con el Distrito Escolar de Los Ángeles (Los Angeles Unified School District) y Northridge Hospital Center for Health Communities tienen como proyecto trabajar en disminuir disparidades como la obesidad infantil entre los grupos minoritarios de Los Ángeles. Para cumplir con este objetivo, estas instituciones formaron un grupo que se enfoca en dar clases sobre la importancia de comer saludable. “Me da gusto haber aprendido esto porque antes de aprender a leer los datos, me comía mucho más de lo que contiene un envase entero porque sólo me basaba en las calorías que estaban escritas en la parte de arriba del envase”, comenta Cruz.

“La educación comienza en casa, por lo tanto queremos enseñar a los padres de familia que sus hijos aprenden de ellos. Primero que nadie ellos como padres tienen el deber de enseñarles a sus hijos sobre la importancia de tener una buena alimentación para que así los niños crezcan con ese mensaje en sus mente. Comenta Terri Lisagor, profesora del departamento de familia y ciencias del consumo de CSUN, quien asegura que este proyecto será muy beneficioso no solamente para los niños sino también para sus padres. “Pero para poder hacer eso, primero tenemos que guiar a los padres de familia para que no lo vean como un deber más en sus vidas sino como algo esencial”, insiste. Ella dice que en esta época, muchos padres de familia están acostumbrados a culpar a los profesores cuando sus niños no aprenden sobre temas esenciales de la vida, como acerca de una buena nutrición, pero según ella, la realidad es otra.

“El hacer algo así por la comunidad latina con bajos recursos es algo que desde hace tiempo quería hacer. Tuvimos la oportunidad de ganar la financiación y con estos fondos decidimos hacer un programa de educación nutricional con el fin de ayudar a los niños y a sus familias enfocándonos en la comunidad latina”, explica la doctora Joyce Gilbert, especialista en nutrición y directora ejecutiva del Centro Marilyn Magaram de CSUN, quien explicó que como amante de la cultura latina de los Ángeles, una de sus metas es ayudar a aquéllos de bajos recursos a aprender la manera correcta de vivir mejor.

Por el momento el programa está trabajando en escuelas primarias con el propósito de no solamente ayudar a los niños y a sus padres a aprender a comer sanamente sino también a crecer sus propias frutas y verduras en casa. “El hecho de querer tener un jardín lleno de frutas y verduras en casa es difícil pero no es algo imposible. En el programa pensamos en todas las posibilidades para que las familias tengan la oportunidad de crecer sus propios jardines sin tener que ocupar espacio… pensamos que sería buena idea crecer nuestras propias plantas en bolsas especialmente diseñadas para plantar, las cuales básicamente pueden ser colgadas en cualquier espacio en casa para que así las familias se ahorren dinero en ir al supermercado y puedan comer más sano” , explica Rita Marie Little, Asistente de dirección del Centro Marilyn Mangaram y añade que el plantar árboles en zonas urbanas como la cuidad de Van Nuys es difícil porque muchas de las familias que viven ahí no tienen terreno suficiente.

“En realidad nuestro propósito no solamente es que los niños y sus padres aprendan a crecer sus propias frutas y verduras en casa, sino que también es encender la chispa de interés en quererla consumir. Creo que al hacer esto los niños se dan cuenta desde pequeños que crecer y comer frutas es importante y divertido y al final el verlas crecer les brindará un mayor interés en consumirlas” reconoce Little.

“Tratamos de involucrar a la gente a comer más frutas y verduras en base a la pirámide alimenticia y a hacer que los padres conozcan las porciones que tienen que comer diariamente para que puedan mejorar su salud y prevenir la obesidad”, explica Laura González, instructora de Buena Cocina, el programa que es patrocinado por una corporación sin fines de lucro llamado Sustainable Economic Enterprises of Los Ángeles, mejor conocido como SEE-LA por sus cifras en inglés.

“Nuestro enfoque también es que los padres conozcan la importancia de hacer ejercicio y nosotros no encargamos de eso… les enseñamos a hacer ejercicio en una forma creativa y divertida. Ponemos la música que más nos gusta y bailamos al ritmo de ella… disfrutamos tanto del baile que ni siquiera nos damos cuenta que lo que hicimos fue ejercicio”, recalca González. Y asegura que con el hecho de crecer jardines en casa no sólo se ahorra dinero sino que también se ahorra tiempo.

La dietista Lisa Gor opina que la buena nutrición es la clave para determinar la calidad de vida. “Es parte de nuestra salud y bienestar,” añadió. “Es triste saber que muchos padres de familia no saben leer la pirámide alimenticia, lo cual los lleva a perder control de lo que consumen diariamente”, afirma.

Según la señora Cruz, durante toda su vida ha llevado una dieta balanceada en un promedio de tres mil calorías al día. “En mi país [México] estamos acostumbrados a decir que entre más gorditos nuestros niños son, más saludables están… porque si allá vemos a un niño muy delgado creemos que no come nada o que esta un poco desnutrido. Eso es algo que aprendí de mis padres de pequeña por eso les he dado a mis hijos más de lo que pueden comer,” explicó Cruz con timidez. “Hay ocasiones que les daba a mis hijos hasta lo triple de lo que deberían comer”.

De acuerdo al Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) para una dieta basada en dos mil calorías sólo se necesitan seis onzas de granos al día, dos tazas y media de verduras, dos tazas de frutas, tres tazas de productos lácteos diarias (solamente dos para niños entre dos a ocho anos de edad) y cinco onzas y media de carnes y frijoles.

La instructora Gonzáles añade que el hecho de crecer sin saber cuántas porciones necesita el cuerpo es un problema cultural que la gente aprende desde los primeros años de vida. “El comer mucho es algo que venimos acarreando de generación tras generación para sentirnos mejor. Nada más que cuando estamos en nuestros países de origen no tenemos tanto acceso al automóvil y comemos muchos carbohidratos y comidas que nos dan energía. Pero las desgastamos caminando a la escuela y al tomar el camión. Desgraciadamente, cuando venimos aquí, tenemos la comodidad de un automóvil y aún así queremos seguir consumiendo la misma cantidad de calorías que consumíamos en nuestros países y al final nos lleva a la obesidad.”

La Dra. Gilbert dice sentirse muy contenta con los resultados del programa. Según ella, su meta no sólo es ayudarlos sino que también verlos felices y saludables.

“Esperamos cambiarles la vida a los padres de familia y a sus hijos, enseñándoles sobre la importancia de cuidar su cuerpo para que así lo pasen a las siguientes generaciones y vivan más sanos… hasta ahora los resultados han sido muy buenos,” explica con mucha emoción.

Maria Villegas dice sentirse muy feliz consigo misma por el hecho de haber asistido a los cursos. Para esta ama de casa el aprender sobre lo que le puede pasar a un ser humano que no tiene limitaciones al comer la convenció de ayudar a sus familiares explicándoles detalle tras detalle sobre lo que aprendió en las clases. “A veces creemos que por ser flacos podemos comer todo lo que queramos pero si nos ponemos a pensar, el estar flaco no quiere decir que estamos más saludables. El ser flaca simplemente es parte de nuestros genes… lo importante es comer lo que nos indica la pirámide [alimenticia] y hacer un poco de ejercicio para vivir más saludables y más que nada tener la dicha de vivir mas y así ver a nuestros hijos crecer… En estos cuarenta minutos de clases sinceramente aprendí lo que en toda mi vida hubiera aprendido en casa.”


Tags:  Nutrición Rigoberto Villalobos

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